La venganza

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¿Te ha pasado que alguien hace algo o deja de hacer algo, que te lastima profundamente? Y aunque sabes que “debes dejar pasar la ofensa”, no dejas de darle vueltas en tu cabeza.

A mi me ha pasado algunas veces, y lo primero que pienso es: “en la siguiente oportunidad voy a hacerle exactamente lo mismo; nada mas, para que sepa lo que se siente.”
Y empezamos a saborear el como será esa dulce venganza.

Cuando no tenemos una relación con Dios, es de lo mas fácil dejar que ese pensamiento se anide en nuestra mente para después llevarlo acabo.
Y no solamente no nos sentimos mal de haberlo hecho, sino que además, lo disfrutamos.

Pero para los que conocemos a Dios, sabemos perfectamente bien lo que Él nos dice cuando pensamos así:

30 Pues conocemos al que dijo: Mia es la venganza, yo pagare.
Y otra vez: El Señor juzgara a su pueblo.

Hebreos 10:30

Y aún así, a veces insistimos en darle esa ayudadita a Dios para que la persona, entienda más fácil y mas pronto la lección.
Seguimos dándole vueltas al asunto, hasta que nos empezamos a sentir mal y mejor decidimos ir de rodillas para pedirle a Dios que nos de permiso para vengarnos un poquito.
Pero Dios, que es firme a Su Palabra nos vuelve a decir:

19 Amados, nunca os venguéis vosotros mismos, sino dad lugar a la ira de Dios, porque escrito está: Mia es la venganza, yo pagare, dice el Señor.
Romanos 12:19

Y por sí esto fuera poco, además agrega:

20 Pero si tu enemigo tiene hambre, dale de comer; y si tiene sed, dale de beber, porque haciendo esto, carbones encendidos amontonaras sobre su cabeza.
21 No seas vencido por el mal, sino vence con el bien el mal.

Romanos 12:20

Y aún así, ahí seguimos, queriendo negociar con Dios, esperando que nos de otra Palabra para que podamos justificar el actuar  mal, pero con su permiso.
Hoy quiero decirte, que Dios no nos dará permiso para actuar de esa manera. Aunque Él respeta nuestra decisión, ya que nos creo con libre albedrío, está en nosotros decidir una de dos opciones:
1.- obedecer a Dios y no tomar venganza
2.- hacerlo a nuestra manera

Y sabes, una y otra vez he comprobado que en nuestras propias fuerzas es muy difícil tomar una buena decisión cuando estamos molestos, enojados o sentidos. Pero lo mejor de todo, es que Dios sabe por lo que luchamos; y cuando le confesamos con sinceridad lo que sentimos, Dios nos ayuda.
El Espíritu Santo que Él ha hecho morar en nosotros cuando recibimos a Jesús, nos incomoda tanto, que no nos permite obrar mal.
Y yo no sé como Le hace, pero acomoda las cosas de tal manera, que ya no aparece alguna oportunidad para llevar a cabo la venganza.
¿Te ha pasado esto?

Cuando Dios obra, y se atraviesa en esa oportunidad, caemos en cuenta de que no venía al caso la venganza que estábamos tramando, se nos quita la intención de lastimar a la otra persona y nos sentimos mal de haberlo pensado.
Seguimos meditando en lo que Dios nos dice, y recordamos el siguiente pasaje:

28 Y sabemos que para los que aman a Dios, todas las cosas cooperan para bien, esto es, para los que son llamados conforme a su propósito.
Romanos 8:28

Confiamos en que Dios tiene un motivo para cada cosa que permite y que aún esa situación, Dios la utilizará para ayudarnos a cumplir el Propósito para el cual nos ha llamado.

Si hoy estas pasando por alguna situación en dónde alguien te ha lastimado, y estas pensando pagarle igual; llévale tu carga y dolor al Señor y con sinceridad exprésale lo que sientes, y verás como Él, de una manera sobrenatural estorbará o impedirá que lleves a cabo esa venganza, y a cambio traerá paz a tu vida.
No será con tus propias fuerzas, sino que Él se atravesará para que puedas cumplir con Su Palabra, y Su Espíritu Santo te guiará a hacer lo correcto.
Lo único que necesitas es ser sincero y reconocer ese mal pensamiento; llevarlo a los pies de Cristo y Él te animará a pagar con bien.

Para los que amamos a Dios y se lo demostramos al obedecerlo, TODO obra para bien.

Espera en el Señor, confía en sus sabios consejos y Él te dará su favor y hará algo para bendecirte, que te sorprenderá.

Dios te bendiga, y puedas declarar:

“El gozo del Señor, ¡es mi fortaleza!”

 

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