
Colosenses 2:2
Vivimos en una generación donde muchos hablan de “su propio dios”, de experiencias místicas personales o de una espiritualidad basada en emociones, filosofías humanas, experiencias de otros o percepciones individuales. Algunos dicen: “Dios es un misterio que cada quien interpreta a su manera”. Pero la Biblia enseña algo completamente diferente: Dios sí reveló claramente quién es Él, y esa revelación tiene un nombre: Jesucristo.
La Palabra de Dios no presenta a Jesús como una opción espiritual más, ni como una figura simbólica para diferentes interpretaciones humanas. La Escritura declara que Cristo es el misterio de Dios que estuvo oculto por siglos, pero que ahora ha sido revelado para salvación de todos los hombres.




Hay una verdad que muchos quieren evitar, pero que la Palabra de Dios revela con absoluta claridad: nadie puede relacionarse con Dios en sus propios términos o a su manera. No basta con “creer en Dios”, no basta con decir “yo oro” o “yo rezo”, no basta con sentir inclinación por lo espiritual.

Cuando lo secundario nos distrae de lo eterno.

