
1 Pedro 2:9
He estado meditando en este pasaje de 1 Pedro 2:9, y lo que significa venir a Cristo de verdad. Antes estábamos en tinieblas, perdidos sin saber a donde íbamos, lejos de Dios; pero por Su gracia, en Jesús fuimos llamados a Su luz admirable. No solo nos rescató de la oscuridad y del pecado al que no estábamos concientes, sino que también nos dio una nueva identidad, una nueva ciudadanía y un gran propósito: anunciar las virtudes de Aquel que nos salvó: Jesús.
Cuando una persona viene a Cristo, no es simplemente que “cambia de religión”, como muchos creen, sino que sucede el verdadero milagro. Pasa de muerte a vida, de esclavitud a libertad, de condenación a reconciliación con Dios. En Cristo somos hechos linaje escogido, real sacerdocio, nación santa y pueblo adquirido para posesión de Dios, para vivir compartiendo que Jesús es nuestro Señor (con todo lo que implica). Qué hermoso es saber que fuimos llamados con un propósito, no para callar, sino para buscar reflejar a Jesús en esta tierra, como dice la Biblia: como embajadores de Su reino, anunciando que solo en Él hay salvación, luz y vida eterna.
“Pero vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido para posesión de Dios, a fin de que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable.”
— 1 Pedro 2:9, LBLA
Este versículo revela una verdad impresionante: venir a Cristo no es simplemente adoptar una u otra religión; es pasar de muerte a vida, de tinieblas a luz, de perdición a salvación, de creatura a hijos de Dios. El que está en Cristo recibe una nueva identidad, una nueva posición delante de Dios y una nueva misión o propósito en la tierra.
La Biblia dice:
“De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí, son hechas nuevas.”
— 2 Corintios 5:17
Y también:
“Él nos libró del dominio de las tinieblas y nos trasladó al reino de Su Hijo amado.”
— Colosenses 1:13
Sin Cristo, el hombre permanece en oscuridad y muerte espiritual. No ve con claridad, no conoce verdaderamente a Dios, no entiende el camino de la vida. La Escritura dice:
“El pueblo asentado en tinieblas vio gran luz,
y a los que habitaban en región y sombra de muerte,
una luz les resplandeció.”
— Mateo 4:16
Por eso el llamado es urgente y sé que a veces parece necedad que insista en que busques a Dios, a través de la Biblia (de Jesús) no en una religión o “sacramentos” sino en una relación real y personal.
La Palabra dice:
“Buscad al Señor mientras puede ser hallado,
llamadlo en tanto que está cerca.”
— Isaías 55:6
¿Qué significan cada uno de los puntos que Dios nos dice que en Cristo pasamos a ser?
1. “Linaje escogido”
Ser linaje escogido significa que en Cristo ahora pertenecemos a Dios, no por mérito humano u obras buenas, sino por pura gracia. No fue el hombre quien se salvó a sí mismo; fue Dios quien, en Su amor, llamó a pecadores para hacerlos Sus hijos.
“Según nos escogió en Él antes de la fundación del mundo, para que fuéramos santos y sin mancha delante de Él.”
— Efesios 1:4
“Mas a todos los que le recibieron, les dio el derecho de llegar a ser hijos de Dios, es decir, a los que creen en Su nombre.”
— Juan 1:12
En Cristo ya no somos definidos por el pasado, por el pecado, por la culpa, por la independencia o incredulidad del Único Dios Verdadero. Somos un pueblo nacido de nuevo (del Espíritu Santo) por la voluntad de Dios. Creo que lo único que tuvimos que hacer es disponer nuestro corazón, y aún así sigo sin entender como me alcanzó.
“Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que según Su gran misericordia, nos ha hecho nacer de nuevo a una esperanza viva mediante la resurrección de Jesucristo de entre los muertos.”
— 1 Pedro 1:3
Esto humilla al hombre y exalta a Cristo. Nadie entra en esta familia por tradición, herencia natural, cumplir ritos o sacramentos o pertenecer a cierta religión.
Entramos por la fe en Jesús.
2. “Real sacerdocio”
Aquí hay una verdad preciosa: en Cristo, el creyente ahora tiene acceso a Dios. Ya no depende de un sacerdocio humano (sacerdotes religiosos) para acercarse al Padre, porque Jesús cumplió perfectamente la obra redentora y abrió el camino.
La Biblia es clara:
“Porque hay un solo Dios, y también un solo mediador entre Dios y los hombres, Cristo Jesús hombre.”
— 1 Timoteo 2:5
No dice “muchos mediadores”, ni “un mediador principal y otros secundarios”. Dice uno solo: Jesucristo.
Además:
“Así que, hermanos, teniendo libertad para entrar al Lugar Santísimo por la sangre de Jesús, por un camino nuevo y vivo que Él inauguró para nosotros por medio del velo, es decir, Su carne… acerquémonos con corazón sincero, en plena certidumbre de fe.”
— Hebreos 10:19-22
Y también:
“Acerquémonos, pues, con confianza al trono de la gracia, para que recibamos misericordia, y hallemos gracia para la ayuda oportuna.”
— Hebreos 4:16
Esto significa que el creyente no necesita un intermediario humano para confesar sus pecados, clamar, adorar o entrar en la presencia de Dios, porque Cristo ya ofreció el sacrificio perfecto y suficiente una vez y para siempre para reconciliarnos con Dios.
“Pero Él, habiendo ofrecido un solo sacrificio por los pecados para siempre, se sentó a la diestra de Dios.”
— Hebreos 10:12
Jesús no comparte Su mediación con nadie. Él es suficiente. Él es perfecto. Él es eterno Sumo Sacerdote.
“Por lo cual Él también es poderoso para salvar para siempre a los que por medio de Él se acercan a Dios, puesto que vive perpetuamente para interceder por ellos.”
— Hebreos 7:25
Como real sacerdocio, así como los levitas (de la tribu de Leví) ahora ofrecemos no sacrificios expiatorios (como los corderos o animales), porque Cristo ya los cumplió; sino sacrificios espirituales: adoración, obediencia, alabanza, oración, entrega y testimonio.
“También vosotros, como piedras vivas, sed edificados como casa espiritual para un sacerdocio santo, para ofrecer sacrificios espirituales aceptables a Dios por medio de Jesucristo.”
— 1 Pedro 2:5
3. “Nación santa”
Cuando Cristo salva, aparta para Dios. Eso significa “santo”: separado del pecado y consagrado al Señor. Apartados para Dios.
“Como Aquel que os llamó es santo, así también sed vosotros santos en toda vuestra manera de vivir.”
— 1 Pedro 1:15
La santidad no es una opción para una “élite” espiritual (Papa, obispos, sacerdotes… En Cristo ya no hay jerarquías); es la marca de todo verdadero creyente. Cristo no nos llamó para seguir viviendo en tinieblas, sino para reflejar Su carácter, Su luz. Y es un proceso que durará toda la vida.
“Porque no nos ha llamado Dios a impureza, sino a santificación.”
— 1 Tesalonicenses 4:7
Somos una nación distinta, no porque pertenezcamos a un sistema terrenal, sino porque pertenecemos al Reino de Dios. Nuestro pensamiento, valores, conducta y lealtad ahora deben estar sometidos a Cristo.
“No os conforméis a este siglo, sino transformaos mediante la renovación de vuestra mente.”
— Romanos 12:2
La santidad no nos salva; solo Cristo salva. Pero el que ha sido salvado empieza a caminar en santidad, apartado para Dios, porque ha sido trasladado a la luz admirable.
4. “Pueblo adquirido para posesión de Dios”
El creyente ya no se pertenece a sí mismo. Fue comprado por la sangre preciosa de Cristo.
“¿O no sabéis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, que está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros? Pues por precio habéis sido comprados; por tanto, glorificad a Dios en vuestro cuerpo.”
— 1 Corintios 6:19-20
“Sabiendo que no fuisteis redimidos de vuestra vana manera de vivir heredada de vuestros padres con cosas perecederas como oro o plata, sino con sangre preciosa, como de un cordero sin tacha y sin mancha: la sangre de Cristo.”
— 1 Pedro 1:18-19
Qué consuelo tan grande hay en esta verdad. Si somos de Cristo, entonces ya no somos incrédulos, independientes de Dios, esclavos del pecado, ni del mundo, ni del temor, ni del diablo. Pertenecemos al Señor. Somos Su pueblo. Que rico saberlo!
“Y oirán Mi voz, y serán un rebaño con un solo pastor.”
— Juan 10:16
5. Nuestra nueva ciudadanía
Cuando una persona viene a Cristo, cambia de reino, cambia de patria espiritual, cambia de pertenencia eterna. Aunque sigue viviendo en este mundo, ya no pertenece a este mundo. Me encanta este pasaje. Ahora somos ciudadanos del reino de los cielos.
“Porque nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también ansiosamente esperamos a un Salvador, el Señor Jesucristo.”
— Filipenses 3:20
También dice la Escritura:
“Así pues, vosotros ya no sois extraños ni extranjeros, sino que sois conciudadanos de los santos y sois de la familia de Dios.”
— Efesios 2:19
Y no se habla de los “santos muertos” sino de quienes ya están separados para Dios, nosotros los creyentes. En Cristo dejamos de ser extranjeros ante Dios. Ya no estamos lejos; fuimos comprados y acercados por la sangre de Jesús.
“Pero ahora en Cristo Jesús, vosotros, que en otro tiempo estabais lejos, habéis sido acercados por la sangre de Cristo.”
— Efesios 2:13
Nuestra ciudadanía celestial redefine nuestra vida aqui en la tierra. Seguimos viviendo aquí, pero representamos allá. Caminamos en la tierra, pero pertenecemos al cielo.
Así lo dice Dios en Su Palabra y lo creo!
6. Embajadores de Cristo en la tierra
Si ahora pertenecemos al Reino de Dios, entonces no estamos aquí sin propósito. Somos enviados. Somos representantes de Cristo. ¿Por qué Dios nos sigue dejando aquí en la tierra?
“Por tanto, somos embajadores de Cristo, como si Dios rogara por medio de nosotros; en nombre de Cristo os rogamos: ¡Reconciliaos con Dios!”
— 2 Corintios 5:20
Un embajador no habla su propio mensaje; transmite el mensaje del pais o reino que representa. De igual manera, la Iglesia no está llamada a entretener, agradar al mundo o inventar un evangelio nuevo, sino a proclamar fielmente a Cristo.
Y esto se conecta directamente con la Gran Comisión:
“Id, pues, y haced discípulos de todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado.”
— Mateo 28:19-20
“Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura.”
— Marcos 16:15
No fuimos llamados solo para “ayudar” o “escuchar”, sino para anunciar. El propósito de haber sido llamados a la luz es predicar el evangelio, proclamar a Aquel que salva: Jesús.
7. “A fin de que anunciéis las virtudes de Aquel…”
Aquí está el propósito central de 1 Pedro 2:9. Dios nos salvó, nos sacó de las tinieblas a Su luz para que anunciemos Sus virtudes. La salvación no termina en nosotros; debe de servir para alcanzar a otros para Cristo y reciban Salvación y Vida Eterna.
¿Qué significa anunciar Sus virtudes?
Significa proclamar quién es Cristo, lo que Él ha hecho y lo que solo Él puede hacer. Significa dar a conocer Su excelencia, Su gloria, Su poder salvador, Su misericordia, Su verdad y Su amor.
La Biblia presenta muchas de las virtudes de Cristo, veamos algunas:
1. Su amor
“Pero Dios demuestra Su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros.”
— Romanos 5:8
2. Su misericordia
“Pero Dios, que es rico en misericordia, por causa del gran amor con que nos amó, aun cuando estábamos muertos en nuestros delitos, nos dio vida juntamente con Cristo.”
— Efesios 2:4-5
3. Su gracia
“Porque por gracia habéis sido salvados por medio de la fe; y esto no de vosotros, sino que es don de Dios.”
— Efesios 2:8
4. Su santidad
“Santo, santo, santo, es el Señor de los ejércitos.”
— Isaías 6:3
5. Su verdad
“Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre sino por Mí.”
— Juan 14:6
6. Su poder para salvar
“Por eso puede también salvar perpetuamente a los que por medio de Él se acercan a Dios.”
— Hebreos 7:25
7. Su luz
“Yo soy la luz del mundo; el que me sigue no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida.”
— Juan 8:12
8. Su fidelidad
“Si somos infieles, Él permanece fiel, pues no puede negarse a Sí mismo.”
— 2 Timoteo 2:13
9. Su justicia
Dios es AMOR y también es JUSTO y aborrece y castiga el mal.
“Porque la paga del pecado es muerte, pero la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro.”
— Romanos 6:23, LBLA
“Al que no conoció pecado, le hizo pecado por nosotros, para que fuéramos hechos justicia de Dios en Él.”
— 2 Corintios 5:21
10. Su gloria como Salvador y Señor
“Y en ningún otro hay salvación, porque no hay otro nombre bajo el cielo dado a los hombres en el cual podamos ser salvos.”
— Hechos 4:12
Anunciar Sus virtudes no es hablar de nosotros; es exaltar a Jesús. No es promocionar hombres; es levantar el Nombre que es sobre todo nombre. Todo se trata de Él.
8. Si no hemos venido a Cristo, seguimos en tinieblas
Este punto debe quedar claro porque es muy importante y solamente lo podremos entender si disponemos nuestro corazón. Pídele a Dios que en el Nombre de Jesús te ayude a disponer tu corazón.
La Biblia no deja al hombre en una zona neutral. O está en Cristo o está en tinieblas. O tiene vida eterna o permanece bajo condenación.
“Y este es el juicio: que la luz vino al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, pues sus acciones eran malas.”
— Juan 3:19
“El que cree en el Hijo tiene vida eterna; pero el que no obedece al Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios permanece sobre él.”
— Juan 3:36
Sin Cristo, la persona puede tener religión, moralidad, tradición o conocimiento, ser bueno y honesto, pero sigue sin vida espiritual. Sigue perdida. Sigue sin saber realmente a dónde va. Cuando dice que va al cielo porque es “bueno” o “más bueno que muchos”, sigue perdido y no ha comprendido el mensaje de la Cruz, del Sacrificio de Cristo (por el único medio que podemos heredar el paraíso).
La Escritura dice del ser humano sin Dios:
“Estabais en aquel tiempo sin Cristo… sin esperanza y sin Dios en el mundo.”
— Efesios 2:12
Eso es tremendo. Sin Cristo, el hombre está sin esperanza y sin Dios. Por eso hay urgencia. No mañana. No despúes o “algún día”. Hoy.
“He aquí, ahora es el tiempo aceptable; he aquí, ahora es el día de salvación.”
— 2 Corintios 6:2
9. El llamado es urgente: ven a Jesús mientras puede ser hallado
La salida de las tinieblas no está en una institución, pertenecer a una religión o denominación, cumplir ritos, en obras humanas, ser “buenos” o en mediadores terrenales.
La salida está en una Persona: Jesucristo.
“Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre sino por Mí.”
— Juan 14:6
“Venid a Mí, todos los que estáis cansados y cargados, y Yo os haré descansar.”
— Mateo 11:28
“Todo lo que el Padre me da, vendrá a Mí; y al que viene a Mí, de ningún modo lo echaré fuera.”
— Juan 6:37
El mensaje urgente es este: si aún no has venido a la luz de Jesús, todavía estás en tinieblas. Pero Cristo sigue llamando. Sigue extendiendo misericordia. Sigue salvando pecadores. Sigue tocando a la puerta de nuestro corazón. Jesucristo no es “algo más”, es El Único que te puede Salvar del pecado cuyo pago es la muerte.
“Buscad al Señor mientras puede ser hallado, llamadlo en tanto que está cerca. Abandone el impío su camino, y el hombre inicuo sus pensamientos, y vuélvase al Señor, que tendrá de él compasión, al Dios nuestro, que será amplio en perdonar.”
— Isaías 55:6-7
Cuando venimos a Cristo, asi como lo dice 1 Pedro 2:9 :
- pasamos a ser linaje escogido,
- real sacerdocio,
- nación santa,
- pueblo adquirido para posesión de Dios.
Ya no necesitamos un mediador humano, porque Jesús es el único Mediador.
Ya no somos extranjeros, porque ahora nuestra ciudadanía está en los cielos.
Ya no vivimos para nosotros, porque somos embajadores de Cristo.
Y ya no callamos, porque fuimos salvados para anunciar las virtudes de Aquel que nos llamó de las tinieblas a Su luz admirable.
Jesús sigue llamando hoy. El que oye Su voz y viene a Él recibe perdón, vida eterna, adopción como hijo, acceso al Padre y un propósito claro para seguir en este mundo.
Si alguien aún no ha venido de verdad a Jesús, la Palabra de Dios le dice hoy:
“Arrepentíos y convertíos, para que vuestros pecados sean borrados.”
— Hechos 3:19
“Cree en el Señor Jesús, y serás salvo.”
— Hechos 16:31
“Porque todo aquel que invoque el nombre del Señor será salvo.”
— Romanos 10:13
Jesús es la luz. Jesús es el Salvador. Jesús es el único camino al Padre. Jesús es el Único Salvador y Señor y hoy puedes venir a Él. Mediante una sincera y sencilla oración en donde le pides que perdone tu pecado de independencia e incredulidad de Él, te arrepientas y por fe creas que Él murió en la Cruz para pagar por tu pecado, tomando tu lugar. Y confesándolo con tu boca y creyendo en tu corazón que Él es: Suficiente Salvador y Señor.
“que si confiesas con tu boca a Jesús por Señor, y crees en tu corazón que Dios le resucitó de entre los muertos, serás salvo; porque con el corazón se cree para justicia, y con la boca se confiesa para salvación.”
— Romanos 10:9-10
Por tu Encuentro con Jesús,
-Ani Garza T
