Fuente de Agua Viva

Por Ana Maria GT
-Cuentos, Leyendas y Fábulas
Sept. 23, 2011

Temprano en las mañanas, antes de salir el sol, Samara, camina dos kilómetros desde su casa a un monte, a las tierras de un hombre llamado Jacob, para sacar agua del pozo.
Tiene que caminar por un terreno árido, desértico, para llegar ahí. El recorrido diario es pesado y cansado para Samara.
Ella vive en una pequeña casa con un hombre, en un pueblo llamado Sicar. En ocasiones tiene que dar dos o tres vueltas, para llevar suficiente agua a su casa, para tomar durante el día y lavar su cuerpo con un manto remojado solamente.

Un dia como cualquier otro, al llegar a la parcela de Jacob por el agua, Samara se da cuenta de una Fuente de Agua Viva que estaba brotando a unos metros del pozo. Esa fuente tenía agua viva! La fuente de agua empezó a hablar y le dijo “Ven Samara, toma de esta agua que yo te quiero dar, toma de mi”.
Samara se sorprendió y dijo: “De donde saliste? Yo no necesito de tu agua, nosotros la sacamos siempre de este pozo que construyó Jacob para todos los habitantes de esta zona.”
–Si– replicó la Fuente, –pero el agua de ese pozo no te puede quitar la sed.
–Por supuesto que me quita la sed, todos los días venimos y llevamos agua de este pozo, y claro que nos quita la sed y además la usamos para lavarnos– comentó Samara un poco molesta.
Con una tierna voz, la Fuente continuo: –Samara, te conozco bien. Tu has tenido cinco maridos, y con el que ahora vives no es tu marido. Tu tienes mucha sed, sed de amor, de ser apreciada y perdonada–.

Samara se quedó sorprendida y muy pensativa con lo que la fuente le habló.
Como podía saber tanto de ella? La había llamado por su nombre. La mujer había tratado de mantener ocultos sus cinco maridos, y ahora se sentía mal por vivir con otro que ni siquiera lo era.
La fuente le reveló la sed de amor que ella tenía, y por eso su necesidad de ir de hombre en hombre. Buscando ese algo que necesitaba y que los hombres jamás le podrían dar.
Ella necesitaba saciar su sed, esa sed de cuidado, cariño y protección que la hacían ir de hombre en hombre buscando quien le supliera ese vacío. Ella reconocía que tenía sed, una sed de sentirse amada y valorada… y que por no conseguirlo, esa sed se estaba convirtiendo en sed de venganza.

Ahora, se había encontrado con agua viva, que le hablaba, que la conocía, que la comprendía y además quería suplir ese anhelo de su corazón.
La decisión ahora dependería de Samara. Tomaría de esa agua viva, o seguiría tomando de la misma agua del pozo que jamás había saciado su sed de amor?
La decisión era solamente de ella.

Mientras Samara llenaba el cántaro con el agua de pozo para llevar a su casa, la fuente le seguía hablando:
–El que beba el agua que yo le daré, no tendrá sed jamás, sino que el agua que yo le daré se convertirá en él, en una fuente de agua que brota para Vida Eterna.
–Dame de esa agua – replicó Samara, sin entender bien todo lo que la fuente decía.

Al beber el agua…, comenzó a experimentar algo que jamás había sentido. Era un bálsamo que entraba como amor, calmando todo el dolor de su corazón, un limpiador purificándola por dentro. El agua que ella tomaba, producía un arrepentimiento que hacía que lágrimas brotaran. Mientras tomaba esa agua, su vida se reflejaba como en un espejo en el manantial que se formaba a un lado de la fuente. Se dolía de cada uno de los maridos que la había maltratado, engañado y traicionado; recordaba cada mentira, cada insulto, cada hérida. Las lágrimas escurrían desde sus ojos, por sus mejillas, eran gotas de agua salada, que tocaban el borde de sus labios y desaparecían al caer en su blusa.

Sin entender bien lo que estaba sucediendo. Samara empezó a experienciar una paz que jamás había sentido, un amor que la abrazaba y un gozo inexplicable. Las mismas lágrimas que salían de sus ojos por el dolor del daño recibido y el daño hecho, ahora fluían como ríos de amor a su alrededor. El agua viva estaba siendo el Amor y Consolador que ella tanto había anhelado. Deseaba sumergirse en esa agua. Una necesidad de recibir y dar Perdón vino a su corazón, y a los maridos a quienes había odiado, ahora los comprendía. Ellos también han sido lastimados y heridos, ellos necesitan también beber de esta agua.

Dichosa por la experiencia y renovando sus fuerzas, corría de regreso a Casa sin cansarse, casi despegándose del suelo, queriendo volar como las águilas. A su regreso, el desierto se había convertido en una tierra que manaba leche y miel. Tenía que llevar esa buena noticia a todo el mundo, dar a conocer esa Fuente de agua viva que sacia la sed de quienes la beben.

Y recordando lo que la Fuente le dijo…

Samara se preguntaba, — y que es la vida eterna?

Sabes quien Soy Samara? Me conoces? Yo Soy.

 

Esta entrada fue publicada en Leyendas y Fábulas, Otros. Guarda el enlace permanente.

Una respuesta a Fuente de Agua Viva

  1. luisa graciela araujo dijo:

    gracias señor!!

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *