¿Cómo te imaginas el rapto?

Por: Ana Maria GT

–¡¿Qué pasa?! ¡¿Qué sucede?! –grita agobiados cientos, miles, millones de personas.
–¡No puede ser! ¡Esto no puede estar sucediendo ahora! –por todos lados se escuchan voces de lamento y desesperación. Un eco de alaridos retumba en toda la tierra.

Carros sin conductores chocando entre si, otros estrellándose contra las bardas o rejas de las casas. Muchos más golpeando a personas caminando por las banquetas y por los parques, contra bicicletas que van por ciclo pistas. Aviones y helicópteros sin piloto desplomándose desde el cielo. Trenes de todo tipo saliendo de su carril. Barcos chocando contra el puerto.

–¡Vuelta a la izquierda, vuelta a la izquierda! –Le grita una mujer al conductor que de pronto ha desaparecido.
–¿Dónde esta mi hijo?—grita una madre desesperada.
–Mi esposa, ¿dónde quedó? –Se lamenta un hombre, mientras su mujer se desvanece de entre sus brazos.
–¿El mesero? ¿A dónde se fue? –Se preguntan los comenzales al ver la charola caer al piso.
–¿Y la cajera? Quiero pagar. – Reclama desesperada una señora.

Todos los bebés en los cuneros de los hospitales desaparecen. Algunos doctores y enfermeras, tampoco están. En las escuelas, todos los niños pequeños, algunos mas grandes y varias maestras se esfuman.
En las fábricas, en las tiendas departamentales, en las de autoservicio, en los supermercados y gasolineras no aparece el personal.

El relámpago sale del oriente y resplandece hasta el occidente. El sol se oscurece y la luna no da mas luz. Las estrellas del cielo caen golpeando fuertemente la tierra. Todo se estremece. Todo se ha vuelto un caos.

Algunos caen de rodillas, varios golpean su cabeza, otros se estiran el cabello, miles caen desmayados y cientos quedan paralizados.

Era cierto, era cierto. ¡El rapto era cierto! ¡Muchos han sido arrebatados!
¡¿Por qué no creí?!  ¡¿Por qué no creí?! ¿Por qué no creí?… –se lamenta un hombre.
No, no creí, y por eso sigo aquí.

Cristo viene por su iglesia. No por los de alguna religión o denominación en particular.
¿Estás preparado para su segunda venida?

 

Esta entrada fue publicada en Aflicciones, Mensajes. Guarda el enlace permanente.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *