
Efesios 2:8-9
A veces creemos que ya lo sabemos todo sobre Dios. Si solemos decir que Dios es: Padre, Hijo y Espíritu Santo, que por ir a misa, hacer los sacramentos o “portarnos bien” ya cumplimos.
Yo también pensaba así. De hecho, por muchos años me conformé con repetir oraciones, las que teníamos que decir durante la misa, y seguir las tradiciones o rituales que me enseñaron desde niña.
Pero un día, sin buscarlo tanto… empecé a comprender. Abrí una Biblia que me encontré en la cajonera de mi esposo, y justo al final, en la última página estaba escrito: Lucas 11:13. Solo por curiosidad, busqué ese pasaje y lo leí. Desde ese momento, mi Caminar tomó otro rumbo. Ahora sé que yo no lo busqué, sino que Él por su gracia y amor me encontró a mi.
Jesús no vino a traernos una religión llena de ritos y culpas.
Vino a darnos una relación viva, cercana, real.
Vino a traernos perdón, libertad y una nueva vida.
Y eso no se recibe en un templo ni en un acto externo. Se recibe por fe.
“Porque por gracia habéis sido salvados por medio de la fe; y esto no de vosotros, sino que es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe.”
— Efesios 2:8-9
Yo lo descubrí cuando empecé a leer la Biblia por mí misma. Ese pasaje de Lucas me “incomodó” tanto que tuve la necesidad de entender, primero a nivel intelectual… y el proceso espiritual, se fue dando.
Comprendí que ni un sacerdote, teólogo, guia religioso o padres te pueden hacer entender las cosas de Dios. Es solamente el Espíritu Santo Quién comenzó a hablarme a través de Su Palabra, la Biblia.
Empecé a ver a Jesús muy diferente a como lo tenía en mi imaginación o como nos lo presentan en la misa, nada que ver con el Cristo colgado ensangrentado en un madero, (que así, ¿Qué pudiera hacer por mi? ) sino como un Dios con poder, bueno y justo. Entendí que Él no vino a traernos culpa, vino a darnos descanso.
“Venid a mí todos los que estáis cansados y cargados, y yo os haré descansar.”
— Mateo 11:28
Y algo más fui entendiendo en el camino mientras leía y meditaba en la Biblia:
Que seguir a Jesús no es caminar sola.
Dios desea que vivamos nuestra fe en comunidad, en una congregación donde se alabe Su nombre y se enseñe Su Palabra tal como está escrita.
Porque la Biblia dice:
“Tú eres santo, que habitas entre las alabanzas de Israel.”
— Salmos 22:3 (LBLA)
Donde hay adoración verdadera, Él habita. Y cuando se predica la verdad de Su Palabra, Él habla.
No todas las iglesias predican la sana doctrina.
Por eso es tan importante tener al Espíritu Santo, pedírselo a Dios, porque Él nos guía a toda la verdad (Juan 16:13) y nos hace discernir si estamos en un lugar donde Jesús es el centro y la Biblia es la autoridad.
Si te has preguntado dónde congregarte, pídele al Señor que te guíe.
Él es fiel para llevarte a ese lugar donde puedas crecer, aprender, servir y ser parte de Su cuerpo: la iglesia de Cristo.
No importa cuál haya sido tu historia, tu tradición o tu pasado.
Él está tocando a la puerta de tu corazón.
No quiere imponerte reglas, quiere darte libertad.
No quiere que lo conozcas de oídas, quiere caminar contigo todos los días.
“Y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres.”
— Juan 8:32 (LBLA)
Si algo de esto hace sentido en tu corazón, no lo ignores.
Jesús no vino a traernos una carga más… y menos a imponerse.
Él vino a darnos la Vida que solo Él puede dar, la que todos queremos: una vida de Paz, caminando con el Príncipe de Paz todos los días de nuestra vida.
Por tu Encuentro con Jesús,
–Ani Garza T
