
Hebreos 10:19-20
Muchos confunden la religión con una relación personal con Jesús. A mi me pasó, tenía una religión, pero verdaderamente no conocía a Dios. Sabía que Dios eran 3 personas en 1: Padre, Hijo y Espíritu Santo … pero hasta ahí llegaba mi entendimiento.
La religión tradicional está llena de tradiciones, rituales y normas externas, principalmente basada en un libro que se llama Catecismo, igual de grueso que la Biblia. Para bien o para mal, lleno de contradicciones. Aunque sigamos las normas del Catecismo al pie de la letra, no conseguiremos tener una relación personal con Dios y mucho menos llegar a la Salvación y Vida Eterna. Hasta los “tuétanos” nos enseñaron que solo a través de la iglesia católica (la de tradición) hay salvación… pero la Biblia enseña que es solamente a través de Una Persona.
La Palabra de Dios es clara: lo que necesitamos no es una religión, sino un encuentro personal con Jesucristo, porque Él es el único camino al Padre (Juan 14:6).
¿A cuántas personas conocemos que ponen como prioridad su religión llena de tradiciones que a Dios mismo? Exacto, a la mayoría. Jesús mismo reprendió a los fariseos y escribas por poner sus tradiciones humanas por encima de la Palabra de Dios (Biblia):
“Dejando el mandamiento de Dios, os aferráis a la tradición de los hombres”
Marcos 7:8
También les dijo con firmeza:
“Este pueblo con los labios me honra, pero su corazón está muy lejos de mí. Mas en vano me rinden culto, enseñando como doctrinas preceptos de hombres”
Mateo 15:8-9.
Aquí vemos que Jesús no se agrada de las apariencias externas, sino de un corazón sincero y entregado a Él. La religiosidad nos ciega, impidiéndonos ver al Salvador cara a cara. Podemos mencionar a Dios con respeto y reverencia, pero eso no basta; tenemos que llegar a conocerlo y eso lo lograremos a través del Único Camino: Jesús, La Palabra de Dios hecha carne. Es indispensable entender la CRUZ, lo que sucedió en ese momento cuando Jesús dijo sus últimas palabras antes de morir: “Consumado Es“.
Cuando Jesús murió en la cruz, ocurrió algo asombroso:
“Y el velo del templo se rasgó en dos, de arriba abajo”
Marcos 15:38
Ese velo representaba la separación entre Dios y el hombre. Solo el sumo sacerdote podía entrar al Lugar Santísimo una vez al año. Pero ahora, por medio de la sangre de Cristo, tenemos acceso directo al trono de la gracia. Hoy por hoy, seguimos pensando que solamente los que se han “graduado” de sacerdotes tiene acceso a ese “lugar santísimo” que representa el lugar en donde se encuentra la Presencia de Dios. Pero en la Biblia leemos …
El libro de Hebreos lo explica claramente:
“Así que, hermanos, teniendo confianza para entrar al Lugar Santísimo por la sangre de Jesús, por un camino nuevo y vivo que Él inauguró para nosotros por medio del velo, es decir, de Su carne”
Hebreos 10:19-20
Ya no necesitamos sacerdotes terrenales que nos acerquen a Dios. Jesús es nuestro único Sumo Sacerdote eterno:
Por tanto, teniendo un gran sumo sacerdote que traspasó los cielos, Jesús el Hijo de Dios, retengamos nuestra fe.
Porque no tenemos un sumo sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras flaquezas, sino uno que ha sido tentado en todo como nosotros, pero sin pecado.
Acerquémonos, pues, con confianza al trono de la gracia, para que recibamos misericordia, y hallemos gracia para la ayuda oportuna”
Hebreos 4:14-16
Y al estar meditando en todo esto, se me viene el pasaje que encontramos en Marcos 10:46-52, la historia de Bartimeo, un ciego que clamaba: “¡Jesús, Hijo de David, ten misericordia de mí!”. Creo que la mayoría de nosotros, conocemos ese pasaje.
Cuando Jesús lo llamó, la Biblia dice:
“Arrojando su manto, se levantó de un salto y fue a Jesús” Marcos 10:50
Ese manto podía simbolizar su identidad pasada, su seguridad, o incluso la carga de la religiosidad. Solo cuando lo soltó, decidió soltarlo, pudo encontrarse con Jesús y recibir vista no solo física, sino espiritual.
Así sucede hoy: mientras estemos aferrados a un espíritu de religión, no podremos ver el Reino de Dios, las cosas de Dios, el mundo espiritual. Pero al soltarlo y acudir directamente a Cristo, a Jesús, Él abre nuestros ojos, abre nuestro entendimiento, nos da a Su Espíritu Santo (el cual el mundo no puede ver, ni conocerlo) pero este Espíritu cuando viene… nos guía a toda la Verdad de la Palabra de Dios.
Hay una gran diferencia entre tener a Dios en una religión, y otra en una relación.
La religión intenta llevarnos a Dios mediante obras, rituales o méritos humanos. Pero Jesús nos ofrece algo mucho más grande: una relación viva con Él.
Pablo lo resume de esta manera:
“Porque por gracia habéis sido salvados por medio de la fe, y esto no de vosotros, sino que es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe”
Efesios 2:8-9
Mientras algunos se quedan “atrapados” en la religión, los que han nacido de nuevo en Cristo, así como lo leemos en Juan 3, pueden experimentar ya en esta tierra la vida del Reino de Dios: paz, gozo y comunión directa con el Padre a través del Espíritu Santo.
La salvación no está en una religión, rituales, ni en una tradición. Está en una persona: Jesucristo, el Hijo de Dios, que murió y resucitó para darnos vida eterna.
Dios sigue y seguirá tocando la puerta de nuestro corazón, hasta que le demos entrada! Hoy puedes dejar atrás el peso de la religiosidad, propia o heredada, y entrar con confianza al trono de la gracia, porque Jesús está vivo: murió y resucitó y hoy te llama a tener una relación personal con Él. Lee tu Biblia. Empieza con las tres cartas de Juan casi al final de tu Biblia.
Por tu Encuentro con Jesús,
-Ani Garza T
