
La Palabra de Dios nos recuerda:
“Jesucristo es el mismo ayer y hoy y por los siglos” (Hebreos 13:8, LBLA). El mismo Jesús que resucitó y ahora está sentado a la diestra del Padre intercediendo por nosotros (Romanos 8:34), sigue teniendo todo poder para obrar milagros en tu vida hoy.
No importa la enfermedad, el diagnóstico o la desesperanza que enfrentes, Jesús sigue siendo el Médico de médicos. Él tiene poder para sanar el cuerpo, pero también para sanar el alma y restaurar corazones. Su deseo es que vengamos a Sus pies con fe, porque “la fe viene del oír, y el oír, por la palabra de Cristo” (Romanos 10:17, LBLA).
Cuando meditamos en los milagros de sanidad que Él hizo, nuestra fe crece y entendemos que lo que hizo antes lo puede hacer ahora. No porque nosotros lo merezcamos, sino porque Él nos ama profundamente.
Hoy puedes acercarte a Jesús con confianza, creyendo que Él tiene cuidado de ti. No estás solo: hay un Dios en lo alto que te ve, que te ama y que quiere obrar en tu vida. Tu parte es poner toda tu confianza en Él, rendirle tu carga y esperar con esperanza el milagro que Él puede y quiere hacer.
“Y se extendió su fama por toda Siria; y traían a Él todos los que estaban enfermos, afligidos con diversas enfermedades y dolores, endemoniados, epilépticos y paralíticos, y los sanaba a todos.”
Mateo 4:24
“Y al atardecer le trajeron muchos endemoniados, y con la palabra echó fuera a los espíritus, y sanó a todos los que estaban enfermos.”
Mateo 8:16
“Y toda la multitud procuraba tocarlo, porque de Él salía un poder que a todos sanaba.”
Lucas 6:19
Jesús está vivo, y sigue sanando hoy. Ven a Sus pies y confía en Su poder.
“Hijo mío, presta atención a mis palabras; inclina tu oído a mis dichos. Que no se aparten de tus ojos; guárdalos en medio de tu corazón.
Porque son vida para los que los hallan, y salud para todo su cuerpo.”
Proverbios 4:20-22
La medicina más poderosa no se compra en una farmacia ni se encuentra en las recetas de los hombres. La Palabra de Dios es vida y salud para todo nuestro cuerpo. Cuando permitimos que la Palabra habite en nuestro corazón y la creemos, trae sanidad al alma, al espíritu y también al cuerpo físico. Jesús, el Médico de médicos, nos dejó Su Palabra como la medicina que restaura lo que el pecado, la enfermedad y la desesperanza intentan destruir. Tómala y compáratela todos los días!
Por tu Encuentro con Jesús,
-Ani Garza T
