
Juan 1:12
¿Todos somos hijos de Dios?
Una verdad que debemos examinar a la luz de la Biblia.
Hace poco más de 20 años, a mis 40 años de edad… tomé la decisión de creer que la verdad no es relativa, ni que se define por sentimientos, tradiciones o dependiendo de la época y el lugar: sino por la Palabra viva y eficaz de Dios.
“Porque la palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que cualquier espada de dos filos; penetra hasta la división del alma y del espíritu, de las coyunturas y los tuétanos, y es poderosa para discernir los pensamientos y las intenciones del corazón.”
Hebreos 4:12
Es poderosa y penetra hasta lo más profundo de nuestro ser, dividiendo lo que nosotros creemos o pensamos y las verdaderas cosas de Dios. Ya no vivo conforme a lo que pienso o cree mi engañoso corazón, sino lo que Dios dice en la Biblia, (sí, escrita por hombres pero INSPIRADA por el Espíritu Santo: Dios mismo).
Y hoy quiero invitarte a examinar una verdad que muchos dan por sentada: ¿realmente todos somos hijos de Dios?
Todos somos criaturas de Dios
La Biblia enseña que Dios es el Creador de todo y todos.
“En el principio creó Dios los cielos y la tierra.”
Génesis 1:1
Todo ser humano existe porque Dios lo creó. En ese sentido, todos somos criaturas de Dios, hechos a Su imagen (Génesis 1:27). Pero la Escritura hace una distinción clara entre ser criatura de Dios y pasar a ser hijo de Dios.
No todos son hijos de Dios
Jesús mismo habló palabras muy fuertes a un grupo de religiosos que decían creer en Dios:
“Vosotros sois de vuestro padre el diablo y queréis hacer los deseos de vuestro padre. Él fue un homicida desde el principio, y no se ha mantenido en la verdad porque no hay verdad en él. Cuando habla mentira, habla de su propia naturaleza, porque es mentiroso y el padre de la mentira.”
Juan 8:44
Estas palabras nos confrontan. Jesús no estaba hablando a ateos ni a demonios, sino a personas religiosas que afirmaban tener a Dios por Padre:
Vosotros hacéis las obras de vuestro padre.
Ellos le dijeron: Nosotros no nacimos de fornicación; tenemos un Padre, es decir, Dios.
Juan 8:41
Decían ser hijos de Dios pero la realidad, que no veían es que sus obras y su rechazo al Hijo de Dios demostraban otra realidad espiritual. Tenían al Hijo de Dios frente a ellos y no lo podían ver,
“…en los cuales el dios de este mundo ha cegado el entendimiento de los incrédulos, para que no vean el resplandor del evangelio de la gloria de Cristo…”
2 Corintios 4:4
mucho menos aceptarlo. Y a ellos fue a quien Jesús les dijo: “ustedes son hijos de su padre el diablo.“
En la primer carta de Juan, el apóstol, también podemos leer lo siguiente:
“En esto se reconocen los hijos de Dios y los hijos del diablo: todo aquel que no practica la justicia, no es de Dios; tampoco aquel que no ama a su hermano.”
1 Juan 3:10
La Escritura no deja espacio para una zona neutral. Espiritualmente, pertenecemos a una de dos familias, hemos pasado a ser hijos de Dios o seguimos siendo hijos del diablo.
No es suficiente “creer en Dios”
Muchos dicen: “Yo creo en Dios”. Pero la Palabra nos advierte:
“Tú crees que Dios es uno. Haces bien; también los demonios creen, y tiemblan.”
Santiago 2:19
Creer que Dios existe no nos hace hijo de Dios. Los demonios creen en la existencia de Dios, conocen la Palabra (con la misma Palabra de Dios fue que tentaron a Jesús en el desierto) pero no la obedecen ni la aman.
No basta con creer que Dios existe, conocer algo de las escrituras o hacer rituales religiosos. Según la Biblia no todos somos hijos de Dios, no basta el solo decirlo.
¿Qué se requiere para ser hijo de Dios?
La Biblia es clara:
“Pero a todos los que le recibieron, les dio el derecho de llegar a ser hijos de Dios, es decir, a los que creen en su nombre.”
Juan 1:12
Ser hijo de Dios no es automático. No nacemos siendo hijos de Dios. El bautismo no nos convierte en hijos de Dios.
Es un derecho que se recibe al recibir a Jesús y creer en Su nombre, Nombre sobre todo nombre. Implica el reconocimiento de que somos pecadores, de que necesitamos un Salvador, arrepentimiento, fe y una vida transformada. Un nuevo nacimiento en donde pasamos a ser una nueva criatura en Cristo. Reconocemos que necesitamos un Salvador, pasamos a ser ovejas de Su redil, y empezamos a oír Su voz y a desear escucharla todos los días.
Jesús dijo:
“Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco y me siguen.”
Juan 10:27
No basta decir que somos Sus ovejas. Las verdaderas ovejas:
– Oyen Su voz (leen y obedecen Su Palabra la Biblia).
– Son conocidas por Él (relación íntima).
– Le siguen (obediencia continua).
Jesús también dijo:
“Tengo otras ovejas que no son de este redil; a ésas también yo debo traerlas, y oirán mi voz; y serán un rebaño con un solo pastor.”
Juan 10:16
Hay ovejas que aún no han venido a Cristo, pero cuando escuchan Su voz, responden. La diferencia está en si escuchamos y seguimos al Buen Pastor o lo escuchamos pero decidimos seguir por nuestro propio camino de indiferencia, independencia o incredulidad.
El testimonio del Espíritu Santo
Cuando verdaderamente nacemos de nuevo, como lo dice en Juan 3 (lee todo ese capítulo), el Espíritu Santo da testimonio en nuestro interior, porque ahora Él vive en nosotros, ahora somos templo del Espíritu Santo:
“El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu de que somos hijos de Dios.” Romanos 8:16
No se trata de algo emocional, como muchas amigas me lo han dicho, sino de una obra interna del Espíritu que cumple con el propósito de producir en nosotros:
– Convicción de pecado.
– Hambre por la Palabra, la necesidad de leer y estudiar la Biblia.
– Deseo profundo de obedecer a Cristo y buscar no fallarle.
– Poderle llamar a Dios: Padre.
– Transformación progresiva de nuestro carácter produciendo fruto (Gálatas 5:22-23).
Una pregunta que debemos hacernos hoy
No es:
“¿Creo que Dios existe?”
Pregúntate:
“¿He recibido verdaderamente a Jesús como Señor y Salvador?”
“¿Oigo Su voz en las Escrituras y le obedezco?”
“¿El Espíritu Santo da testimonio en mi interior?”
La Biblia es clara: no todos son hijos de Dios. Pero hoy puedes llegar a serlo.
Jesús vino precisamente para eso. Él es el Buen Pastor que dio Su vida por las ovejas (Juan 10:11). En la cruz pagó por nuestros pecados, y por medio de Su resurrección nos ofrece vida eterna.
No te conformes con una religión superficial. No te conformes con solo “creer en Dios”. Ven a Cristo. Recíbelo en tu corazón. Ríndete a Él. Escucha Su voz en la Biblia.
“Arrepiéntete y cree en el evangelio”
Marcos 1:15
Y si al leer estos pasajes que hemos visto en este mensaje, sientes una convicción en tu corazón, no la ignores. Puede ser el Espíritu Santo llamándote, tocando a la puerta de tu corazón para que le permitas entrar.
“Señor Jesús, examina mi corazón. Si aún no soy Tu hijo o hija, hoy me arrepiento de mis pecados y creo en Ti como mi único Señor y Salvador. Gracias por haber pagado por mis pecados en la cruz. Creo que resucitaste y estás vivo. Hazme nacer de nuevo y enséñame a oír Tu voz. Amén.”
Que hoy nazca en ti un hambre profunda por conocer a Dios a través de Su Palabra. Abre la Biblia. Lee el Evangelio de Juan. Busca a Jesús. Porque solo en Él pasamos de ser criaturas… a ser verdaderamente hijos de Dios.
Por tu Encuentro con Jesús,
-Ani Garza T
