Cuando lo secundario nos distrae de lo eterno.
En estos tiempos, me he dado cuenta como muchas personas discuten o discutimos con pasión sobre la forma de la tierra. Unos dicen que es redonda. Otros aseguran que es plana.
Y las conversaciones a veces se vuelven intensas y divisivas ¿cierto?
Pero la pregunta más importante no es acerca de la forma de la tierra:
¿Es redonda o plana?
La pregunta es:
¿Dónde está nuestro corazón?
Y esa es la pregunta que me quiero estar haciendo a diario, porque tiendo a desviarme en cosas sin importancia. Para quienes tenemos un temperamento apasionado, nos damos cuenta cayendo en cosas que nada tienen que ver con Dios y que ni siquiera le importan.
Lo que sí le importa a Dios
En 2 Timoteo 2:23 leemos:
“Pero rechaza los razonamientos necios e ignorantes, sabiendo que producen contiendas.”
Y en Tito 3:9:
“Evita controversias necias… porque son sin provecho y vanas.”
No estamos diciendo que no debemos pensar, o que la Biblia prohíba que investiguemos o que aprendamos de diferentes temas, incluyendo la astronomía o cosmología. El problema es llegar a discutir sin sentido.
En esto si vemos que la Biblia es clara, que no caigamos en discusiones que:
No edifican, no nos acercan a Jesús, y mas bien producen división.
¿Jesús discutió acerca de este tema de cosmología?
En los Evangelios, vemos a Jesús hablando de: Arrepentimiento, Reino de Dios, Vida Eterna, Amor, Fe, Sanidad, pero nunca lo vemos debatiendo la forma de la tierra o de los planetas. Lo que si vemos con claridad es:
En Evangelio de Mateo 6:33 Él dijo:
“Buscad primero el reino de Dios y su justicia…”
Primero las cosas de Dios, lo eterno, el corazón y la relación con Dios…
Cuando tendemos a buscar en “algo más”
En Colosenses 2:8 dice:
“Mirad que nadie os haga cautivos por medio de filosofías y huecas sutilezas …”
Podemos pasar horas discutiendo teorías, otras filosofías, otros libros, pero ignorar la voz del Espíritu Santo.
Podemos también defender nuestra postura o lo que creemos con fuerza y “argumentos” pero descuidar lo más valioso que es la oración, nuestro tiempo con Dios.
Y sí, podemos ganar un debate de este o cualquier otro tipo, pero sin darnos cuenta estar perdiendo la sensibilidad espiritual. Por eso Dios nos dice que dejemos de discutir en cosas vanas que realmente no tienen importancia. Que si a tierra es plana, o que si es redonda… ¿Eso en qué afecta mi relación con Jesús? Él explica nada de eso…
Pero algo muy parecido a eso, y me llama la atención como se enoja:
Pero Él respondiendo, les dijo:
Al atardecer decís: “Hará buen tiempo, porque el cielo está rojizo.”
Y por la mañana: “Hoy habrá tormenta, porque el cielo está rojizo y nublado.”
¡Sabéis discernir el aspecto del cielo, pero no podéis discernir las señales de los tiempos!
Mateo 16:2-3
Realmente podemos pasar la vida defendiendo la forma del cielo o de la tierra,
y aun así no haber conocido al que lo creó.
No importa si entendemos bien la forma verdadera de la tierra, tema muy polémico…
si aún no hemos rendido nuestro corazón al Creador de la tierra y del universo.
La pregunta más importante es:
¿Estamos buscando la verdad para acercarnos a Dios?
¿O estamos buscando tener razón?
Porque la forma de la tierra no salva. Cristo sí.
La discusión no transforma el corazón. El Espíritu Santo sí.
Reflexionando en este Mensaje
No todo lo que genera conversación edifica.
No todo lo que despierta curiosidad, (y yo soy muy curiosa) fortalece la fe.
Si un tema, cualquiera que sea, nos aleja del amor, de la paz y del enfoque en Cristo,
quizá debemos preguntarnos esto:
¿Esto me acerca más a Jesús y me lleva a la Vida Eterna… o solo alimenta mi deseo de tener razón?
El día que estemos delante de Dios, no nos preguntará la forma del mundo…
nos preguntará qué hicimos con Su Hijo.
Por tu Encuentro con Jesús,
-Ani Garza T
