Jesús, el único Pan que sacia el hambre del alma

 
 
   

Juan 6:35

Desde el principio de la creación, el ser humano fue diseñado para vivir en comunión con Dios. Pero cuando el pecado entró al mundo, esa relación se rompió (“por cuanto todos pecaron y no alcanzan la gloria de Dios,” Romanos 3:23).
Desde entonces, el corazón del hombre quedó con un vacío… un hambre espiritual que nada terrenal puede satisfacer.

Y aunque muchos no sabemos describirlo, lo sentimos.

“Jesús les dijo: Yo soy el pan de la vida; el que viene a Mí no tendrá hambre, y el que cree en Mí nunca tendrá sed.”
Juan 6:35

El hambre que no podemos describir

La Biblia nos revela que el ser humano no vive solo de lo material:

“No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios.”
Mateo 4:4

El problema es que, en lugar de correr a Dios, buscamos sustitutos. Intentamos llenar ese vacío con: Filosofías humanas, religiones, cursos o libros de autoayuda, dinero, éxito, aprobación de otros, relaciones, drogas (legales o ilegales), alcohol, cigarros, placeres del mundo, etc.  buscamos y buscamos , probamos, pero nada nos satisface.

Pero cuando Dios nos lleva a leer Su Palabra, nos encontramos con esto:

“Mirad que nadie os haga cautivos por medio de su filosofía y vanas sutilezas, según la tradición de los hombres… y no según Cristo.”
Colosenses 2:8

Todo eso promete satisfacción… quizá temporal, pero deja más vacío, y con ganas de seguir buscando, buscando…    Leí muchos libros, muchos de la Nueva Era, buscando acercarme a esa “iluminación prometida”, pero nada satisfacía lo suficiente.
Llegué casi a mis 40 años, leí la Biblia y eso me lleno!  Ahí se detuvo el deseo de seguir leyendo libros.  Justo en la Biblia encontré todas las respuestas a mis inquietudes.

La Biblia es el único libro que nos enseña como inició el mundo (Génesis) y como va a terminar (Apocalipsis), como nací yo (Dios me creo en el vientre de mi mamá) y como  vivir, gracias Dios!  Podemos empezar a ver la eternidad con más claridad que lo terrenal.

Porque el alma fue creada para lo eterno. Solo Dios es eterno, la satisfacción del alma, lo espiritual, jamás la encontraremos en las cosas terrenales.

La cisterna que retiene el agua y sacia nuestra sed

Dios en Su Palabra lo dijo claramente:

“Porque dos males ha hecho Mi pueblo: Me han abandonado a Mí, fuente de aguas vivas, y han cavado para sí cisternas, cisternas agrietadas que no retienen el agua.”
Jeremías 2:13

Cuando no entendemos o conocemos el Amor de Jesús, y como Él es suficiente para saciarnos, comenzamos a cavar nuestras propias cisternas, asi como lo dice este pasaje: Buscamos en distracciones, ideologías, filosofías o en un entretenimiento sin límite.
Pero son cisternas rotas, no retendrán el agua … y nunca seremos saciados.

Cuando leemos este pasaje de Juan 10:10, entendemos a lo que Jesús vino a la tierra, Dios hecho hombre, vino en la persona de Jesús,  se despojó de ser Dios…
Vino a ofrecernos VIDA.

“Yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia.”
Juan 10:10

El amor que verdaderamente sacia

La verdadera satisfacción no viene simplemente de “saber de Jesús” o “creer que existe”, sino de venir a Él, creer en Él y lo más importante: CREER LE a Él.

Creer significa confiar plenamente en Su obra en la cruz.

“Porque la paga del pecado es muerte, pero la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro.”
Romanos 6:23

Dios es Santo, Santo, Santo… no hay manera de tener una relación con Él.  Merecemos morir (espiritualmente)  por nuestro pecado, tal cual. Pero Dios mismo nos da la salida para no terminar en donde merecemos.
En la cruz, Jesús pagó el precio completo por nuestra culpa. Allí demostró el amor más grande:

“Pero Dios demuestra Su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros.”
Romanos 5:8

Cuando entendemos ese amor… cuando comprendemos que el Hijo de Dios dio Su vida por nosotros… algo cambia. El hambre empieza a desaparecer. La sed comienza a ser saciada.

Porque ahora no buscamos llenar un vacío, que ni siquiera reconocíamos.
hemos sido reconciliados con Dios, nuestro Creador, quién tiene un propósito para cada uno de nosotros.  Y llega la hora en donde reconocemos lo único que nos sacia, el Pan de Vida, Jesús, la Palabra de Dios, la Biblia.

Alimentándonos del verdadero Pan

Jesús es el Pan de Vida. Él es también el Verbo hecho carne (Juan 1:14). Nos alimentamos de Él cuando permanecemos en Su Palabra.

“Las palabras que Yo os he hablado son espíritu y son vida.”
Juan 6:63 (LBLA)

Cada vez que abrimos la Biblia con un corazón rendido, el Espíritu Santo nos alimenta, nos fortalece y nos transforma. Nuestra mente es renovada y eso produce la transformación en nosotros…. no es con nuestras fuerzas, es con el Poder de Su Espíritu Santo, trayendo convicción de pecado, arrepentimiento y la certeza de que Dios sigue abrazando lo peor de nosotros…  solo por Su Gracia y Misericordia.

Cuando llegas a Jesús, a La Verdad, al Camino, a La Vida, te das cuenta que no es una experiencia emocional pasajera. Sino una relación viva y real con quien Creo el Universo y a cada uno de nosotros, con Amor Eterno ….  uf, El solo pensar y mencionar el Nombre sobre todo nombre… Jesús, Jesús, Jesús….   es algo inexplicable lo que produce en nuestra mente y corazón; SI esa paz que sobre pasa todo entendimiento, SI ese gozo que sentimos en SU Presencia.

No es casualidad que estés leyendo este mensaje…

Tal vez has intentado llenar ese vacío con muchas cosas. Tal vez has probado todo y aún sientes que algo falta, sigues teniendo ansiedad inexplicable, falta de paz, de sentido …

Jesús hoy te dice:

“Venid a Mí todos los que estáis cansados y cargados, y Yo os haré descansar.”
Mateo 11:28 (LBLA)

No dice “ven a una filosofía”. No dice “ven a una experiencia”. No dice “ven a una religión” …  SOLO Dice: “Ven a Mí.”

Solo Jesús satisface el hambre del alma. Solo Él perdona el pecado. Solo Él te hace verdaderamente libre. Solo Él da vida, vida en abundancia y vida eterna.

“Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre sino por Mí.”
Juan 14:6 (LBLA)

Hoy puedes dejar de buscar en cisternas rotas o construirlas…  y correr a la Fuente de Agua Viva.  Jesús es suficiente.   Jesús es el Pan que sacia.  Jesús es todo.

Ahora podemos comprender mejor el pasaje con el que iniciamos:

“por cuanto todos pecaron y no alcanzan la gloria de Dios,”
— Romanos 3:23 (LBLA)

Este versículo nos recuerda una verdad fundamental del Evangelio: todos hemos pecado. No hay excepción. Nadie puede justificarse por sus propias obras (Romanos 3:10). El único que jamás pecó, fue Jesús, aún cuando vino a ser hombre, Jesús: 100% hombre y 100% Dios.

Por eso ahora, gracias a Dios, el versículo siguiente es el que nos da esta esperanza eterna:

“siendo justificados gratuitamente por su gracia por medio de la redención que es en Cristo Jesús,”
Romanos 3:24

Donde el pecado nos dejó culpables, Jesús nos ofrece gracia. Donde nosotros fallamos, cometiendo pecado y mereciendo la muerte, Él venció. Donde estábamos destituidos, Él nos reconcilia con el Padre.  ¿Algo más que necesitemos?

Jesús es nuestra única esperanza para recibir salvación y vida eterna.

Me encanta como lo dijo Pablo a los Filipenses, espero pronto llegar a decirlo igual:

“Pero todo lo que para mí era ganancia, lo he estimado como pérdida por amor de Cristo.
Y aún más, yo estimo como pérdida todas las cosas en vista del incomparable valor de conocer a Cristo Jesús, mi Señor, por quien lo he perdido todo, y lo considero como basura a fin de ganar a Cristo.”

Filipenses 3:7-8

Nada se compara ni tiene el valor de llegar a conocer a Jesús por medio de la lectura y meditación en la Biblia.  Nunca será suficiente…   Es lo único que quita el hambre, el hambre espiritual.

Lee tu Biblia, por tu Encuentro con Jesús,
-Ani Garza T

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