
Lucas 24:39
Jesús no resucitó como un fantasma: resucitó verdaderamente.
En estos días vi una imagen sobre la resurrección de Jesús que, aunque quizá fue hecha con buena intención, transmite una idea equivocada: parece presentar a Cristo como si hubiera resucitado “como un fantasma”, como una figura etérea o incorpórea.
Pero la Palabra de Dios nos enseña otra cosa, y como hijos de Dios debemos permanecer en la verdad. Jesús no resucitó como un espíritu desencarnado. Él resucitó realmente, con un cuerpo glorificado, visible, tangible, vivo y eterno.
La Escritura dice claramente:
“Mirad mis manos y mis pies, que yo mismo soy; palpadme y ved, porque un espíritu no tiene carne ni huesos como veis que yo tengo.”
Lucas 24:39
Qué declaración tan poderosa. El mismo Señor resucitado quiso dejar esto absolutamente claro: Él no era un fantasma. Él no era una ilusión. Él no era una energía.
Él era Jesús, el mismo Señor, resucitado en verdad.
Después de resucitar, Jesús no desapareció inmediatamente al cielo. La Biblia dice:
“A éstos también, después de su padecimiento, se presentó vivo con muchas pruebas convincentes, apareciéndoseles durante cuarenta días y hablándoles de lo concerniente al reino de Dios.”
Hechos 1:3
Durante esos cuarenta días, Jesús se mostró vivo, no simbólicamente, sino con “muchas pruebas convincentes”. Él habló con sus discípulos, caminó con ellos, se dejó tocar, y afirmó su resurrección con hechos. La resurrección de Cristo no fue una metáfora; fue un acontecimiento real, histórico y glorioso.
También vemos cómo Jesús invitó a Tomás a comprobarlo:
“Luego dijo a Tomás: Acerca aquí tu dedo, y mira mis manos; extiende aquí tu mano y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente.”
Juan 20:27
Nuestro Señor Jesús no corrigió la incredulidad con ideas abstractas, sino mostrando la realidad de Su cuerpo resucitado. Jesús venció la muerte de verdad. La tumba quedó vacía de verdad. Y el que salió de esa tumba fue el Hijo de Dios resucitado en gloria.
Y después de esos cuarenta días, ascendió al cielo:
“Después de haber dicho estas cosas, fue elevado mientras ellos miraban, y una nube le recibió y le ocultó de sus ojos.”
Hechos 1:9
Jesús ascendió corporalmente, glorificado. No dejó atrás Su humanidad como si hubiera sido temporal. Él es el Cristo resucitado, exaltado y vivo para siempre. El mismo que murió por nuestros pecados, resucitó para nuestra justificación y hoy está sentado a la diestra del Padre.
Esto importa mucho. Porque si confundimos la resurrección de Jesús, confundimos el evangelio. Y si confundimos el evangelio, dejamos de contemplar la gloria completa de Cristo.
No se trata de hacer sentir mal a nadie, ni de responder con dureza solo porque si. Se trata de amar tanto la verdad que no queramos presentar a Jesús de una manera distinta a como Él mismo se reveló en Su Palabra. La fe cristiana no descansa en imágenes emotivas, sino en la verdad viva del Hijo de Dios.
Jesús resucitó como vencedor. Jesús resucitó en cuerpo glorificado. Jesús caminó entre los suyos cuarenta días. Jesús ascendió al cielo.
Y Jesús volverá.
“Este mismo Jesús, que ha sido tomado de vosotros al cielo, vendrá de la misma manera, tal como le habéis visto ir al cielo.”
Hechos 1:11
Es nuestra responsabilidad cuidar cómo hablamos de Cristo. Cuidemos cómo lo representamos. Y sobre todo, cuidemos que nuestra enseñanza permanezca en la verdad de las Escrituras, la Biblia. Porque Jesús no es un símbolo religioso, ni una energía espiritual, ni una figura mística:
Jesús es el Señor resucitado, vivo, glorioso, verdadero 100% Dios y verdadero 100% hombre, nuestro único y suficiente Señor y Salvador.
No sigas una versión imaginaria de Jesús. No te conformes con una idea sentimental de Cristo. Ve a la Palabra. Mira al Cristo verdadero. Cree en el Jesús que murió y resucitó corporalmente por ti. Porque solo ese Jesús salva, transforma y da vida eterna.
“Señor Jesús, gracias porque Tú venciste la muerte de verdad. Gracias porque resucitaste gloriosamente y te mostraste vivo con muchas pruebas. Guarda nuestro corazón de error y ayúdanos a permanecer en la verdad de Tu Palabra. Que podamos hablar de Ti con amor, reverencia y fidelidad, dando toda la gloria a Tu Nombre Jesús.”
Con amor debemos decir la verdad: Cristo no resucitó como una sombra, luz, energía, fantasma, o en nuestra imaginación, sino como el Señor vivo y glorificado.
Que el Espíritu Santo nos guíe a toda la verdad de la Palabra de Dios, y nos de discernimiento y sabiduría para distinguir la verdad del error.
Por tu Encuentro con Jesús,
-Ani Garza T
