
1 Pedro 2:2
¿Leche espiritual o alimento sólido? La madurez no está en oír más, sino en obedecer más.
Estaba pensando en como algunos creyentes se cambian de congregación porque dicen algo como esto: “Ya no quiero leche, ahora quiero carne espiritual”. Otros dicen: “Mi congregación ya no me satisface” o “No recibo revelaciones nuevas”.
Y meditando en algunos pasajes de la Biblia… en cuanto a la diferencia de desear la leche pura de la Palabra o “más carne o más alimento sólido” escribo este mensaje.
Primero preguntarnos con sinceridad… cuando decimos que queremos más carne, ¿nos referimos a más madurez espiritual?
¿Qué es realmente la madurez espiritual según la Palabra de Dios?
La Escritura dice:
“deseen como niños recién nacidos, la leche pura de la palabra, para que por ella crezcan para salvación,”
1 Pedro 2:2
Aquí Pedro no presenta la “leche” como algo básico o insignificante, sino como algo puro, necesario y vital. La leche de la Palabra no es un nivel inferior que debamos menospreciar; es el alimento espiritual por el cual crecemos. El problema no está en que sea solo leche pura de la Palabra, sino en que quizá no se entienda lo que se refiere a un “siguiente nivel” de alimento, que sería la “carne” o alimento sólido.
La carne sólida no es curiosidad espiritual o novedades, sino una madurez en discernimiento y obediencia
Muchos hemos confundido la “carne” espiritual con mensajes “avanzados”, ideas nuevas, revelaciones llamativas o enseñanzas “profundas” que alimentan la mente o nos hacen sentir más inteligentes, pero no transforman la vida.
Pero veamos lo que se refiere la Biblia cuando habla de este alimento sólido o carne como algunos lo llaman:
“Pero el alimento sólido es para los adultos, los cuales por la práctica tienen los sentidos ejercitados para discernir el bien y el mal.”
Hebreos 5:14
Observa esto con cuidado: la Palabra no dice que el alimento sólido es para los que oyen cosas más complejas o avanzadas, sino para los que por la práctica han entrenado sus sentidos. Es decir, la madurez no se mide solo por lo que alguien sabe, sino por lo que vive, discierne y obedece.
La carne espiritual no consiste simplemente en recibir sermones más densos, sino en andar en la voluntad de Dios. No es acumular conceptos; es ser transformados por Cristo en la obediencia diaria.
Jesús nos mostró cuál es el verdadero alimento
Jesús lo dijo así:
“Mi comida es hacer la voluntad del que me envió y llevar a cabo su obra.”
Juan 4:34
Estas palabras me emocionan mucho. Jesús nos dejó en claro que Su alimento no era en buscar nuevas revelaciones, sino hacer la voluntad del Padre. Allí hay una verdad profunda para nosotros: el creyente madura no solo al escuchar la Palabra por medio de diferentes predicadores, sino al vivirla, al obedecerla, al buscar de todo corazón hacer la voluntad del Padre.
Por eso, alguien puede pasar años buscando “mensajes profundos” y seguir siendo inmaduro si no perdona, si no deja pasar la ofensa, no sirve, no ama, no se niega a sí mismo, no ora, no adora, no lee la Palabra, no se somete a Cristo y no hace la voluntad del Padre. Y otro creyente, quizá escuchando verdades sencillas pero obedeciéndolas con temor de Dios, puede estar caminando en verdadera madurez espiritual.
No basta con oír; hay que hacer
Muchas veces pensamos que el mensaje de otros nos serán de más provecho, y podemos seguir escuchando mensajes y decidir no obedecer.
“Pero demuestren ser hacedores de la palabra, y no solamente oidores que se engañan a sí mismos.”
Santiago 1:22
Aquí podemos leer que no es lo que escuchamos o de quien lo escuchemos sino en oír verdad sin obedecerla. Hay creyentes que anhelan “más revelación”, cuando en realidad todavía no han rendido completamente su vida a la revelación que ya recibieron.
Es más importante obedecer predicaciones “simples”, que escuchar predicaciones “complejas” y seguir siendo los mismos sin ser transformados.
No necesitamos algo “más profundo”; muchas veces lo que necesitamos para sentirnos llenos es obedecer lo que ya fue dicho claramente y que lo sabemos.
Cuando alguien dice: “mi congregación no me satisface”
Aquí se necesita discernimiento y humildad. Si puede ser que hay congregaciones donde falta sana doctrina, centralidad en Cristo o fidelidad a la Palabra. Y en esos casos el creyente debe buscar un lugar donde Cristo sea exaltado, la Escritura sea predicada fielmente y el evangelio sea anunciado con verdad.
Pero también es cierto que muchas veces la insatisfacción no nace de una pasión por Jesús (todo se trata de Él), sino del deseo de ser continuamente estimulado: “quiero que me sorprendan, quiero algo nuevo, quiero sentir más, quiero una palabra distinta, quiero algo nuevo”.
Y eso puede llevar a una búsqueda equivocada o alejar al creyente a descansar en la verdad sencilla del evangelio.
La Biblia advierte:
“Porque vendrá tiempo cuando no soportarán la sana doctrina, sino que teniendo comezón de oídos, acumularán para sí maestros conforme a sus propios deseos; y apartarán sus oídos de la verdad, y se volverán a mitos.”
2 Timoteo 4:3-4
El creyente maduro no vive buscando novedad; vive buscando verdad. Y la verdad tiene nombre: Jesucristo. La iglesia no existe para entretener nuestra curiosidad espiritual, sino para edificarnos en El Señor, exhortarnos en amor, equiparnos para la obra del ministerio, servir, usar los dones y talentos para glorificar a Jesús y llevarnos a la obediencia.
La congregación edifica, pero solo Jesús te sacia
Ninguna congregación, por bíblica que sea, podrá llenar a un creyente que no está buscando a Jesús en lo secreto, en la intimidad de su cuarto, leyendo la Biblia. Hay quienes esperan ser alimentados solo una vez por semana y luego dicen que se sienten vacíos o que algo les falta. Pero la satisfacción del alma no viene por la congregación a la que asistimos; viene al tener una comunión diaria con Jesús por medio de meditar en Su Palabra, la oración, la adoración y la obediencia.
“No solo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios.”
Mateo 4:4
El problema muchas veces no es: “no me alimentan en la congregación”, sino: “no estoy comiendo diariamente de Cristo”. El que solo depende del púlpito para vivir espiritualmente, tarde o temprano se debilita. El creyente maduro ama congregarse, pero también ha aprendido a sentarse cada día a los pies del Señor.
La madurez espiritual se ve en el fruto, no en una predicación “profunda”
Y siendo prácticos, este fruto lo vemos en: un corazón que perdona, una lengua que se refrena, una vida que huye del pecado, una esposa que honra a Jesús, un esposo que ama como Cristo, un adolescente que se guarda, hijos que honran a su padres, padres que disciplinan a sus hijos, quien ama lo que Dios ama y aborrece lo que Dios aborrece, que medita en la Palabra de Dios de día y de noche, un creyente que sirve sin reconocimiento, que comparte el Evangelio, en general cuando uno obedece cuando nadie lo ve, sabiendo que lo que hace es como para el Señor y no para los hombres.
Eso es madurez. Eso es alimento sólido obrando en la vida de las personas. Esto es lo que sacia el alma y satisface nuestra sed espiritual.
Jesús no vino a satisfacer nuestra mente o alma con predicaciones elevadas; vino a salvarnos, transformarnos y conformarnos a Su imagen. Lo importante no es sentir que tenemos “más revelación”, sino parecernos más a Cristo, para eso fuimos predestinados.
Y la obra que Cristo ya inició en nosotros, la irá perfeccionando hasta el día de Su venida.
¿Y entonces qué debemos buscar?
Debemos desear la leche pura de la Palabra en todo momento. Debemos recibir con humildad y sin orgullo toda la Biblia. Debemos congregarnos con fidelidad. Debemos comprobar todo a la luz de la Palabra y o al revés. Debemos buscar llevar todo pensamiento a la obediencia de Cristo según Su Palabra. Debemos rechazar la necesidad de experimentar “nuevas revelaciones” y abrazar que Jesús es suficiente y solo Él basta.
Y sobre todo, debemos recordar que lo que nos va a saciar espiritual, emocional y fisicamente no está en escuchar algo novedoso, sino en conocer, amar y obedecer a Jesús.
“Si saben esto, serán felices si lo practican.”
Juan 13:17
Para terminar…
La leche pura de la Palabra no es para despreciarla, sino para desearla. Y el alimento sólido o carne no es escuchar mensajes más elevados, sino una vida entrenada en la obediencia a Dios.
La pregunta no es solamente: “¿Estoy recibiendo alimento?”
La pregunta también es: “¿Estoy obedeciendo lo que el Señor ya me habló?”
Porque al final, la verdadera madurez no se demuestra por cuánto decimos entender o saber, sino cuanto estamos obedeciendo y cuánto de Cristo está siendo formado en nosotros.
Y Jesús mismo nos enseñó dónde está el verdadero alimento:
“Mi comida es hacer la voluntad del que me envió y llevar a cabo su obra.”
Juan 4:34
“Señor Jesús, gracias por este mensaje, sigue dándonos hambre de Tu Palabra, sabiduría para hacer y no solo oír, discernimiento espiritual y ayúdanos por medio del Espíritu Santo a hacer Tu Voluntad. Hoy comprendemos mejor que la carne sólida que deseamos no es oír más, sino obedecerte más, buscar lo que te agrada y rechazar lo que te desagrada. Te damos gracias y te lo pedimos en el nombre de Jesús.”
Por tu Encuentro con Jesús,
-Ani Garza T
