No podemos tener una relación personal con Dios sin Jesús

 
 
   

Hay una verdad que muchos quieren evitar, pero que la Palabra de Dios revela con absoluta claridad: nadie puede relacionarse con Dios en sus propios términos o a su manera. No basta con “creer en Dios”, no basta con decir “yo oro” o “yo rezo”, no basta con sentir inclinación por lo espiritual.

La pregunta no es si reconoces que Dios existe. La pregunta es: ¿has venido al Padre por medio de Su Hijo?

Porque Dios no es simplemente el ser superior a quien todos tenemos acceso o que el hombre natural imagina. Dios es santo. Santo, santo, santo.

La Biblia dice:
“Santo, Santo, Santo, es el Señor de los ejércitos”
Isaías 6:3

Su santidad significa que Él es completamente puro, justo y apartado del mal y del pecado. Dios no puede tener una relación o comunión íntima con el pecador que permanece en su culpa, en su independencia y en su propia justicia. También está escrito:

Muy limpios son tus ojos para mirar el mal, y no puedes contemplar la opresión”
Habacuc 1:13

Ese es el problema del hombre: no solo fue creado por Dios, sino que también está caído delante de Dios. Sí, todos somos creaturas de Dios en el sentido de haber sido hechos por Él; pero bíblicamente, no todos son hijos de Dios. El pecado nos separó y nos sigue separando de Él.

La Biblia dice:
“Por cuanto todos pecaron y no alcanzan la gloria de Dios”
Romanos 3:23

Y también:
“Vuestras iniquidades han hecho separación entre vosotros y vuestro Dios”
Isaías 59:2

Entonces aquí debemos detenernos y hablar con amor, pero con verdad: el problema del ser humano no es falta de religión; el problema del ser humano es culpa delante de un Dios santo. Y mientras esa culpa no sea quitada a la manera de Dios, no puede haber verdadera comunión con Él. Uno puede tener ideas acerca de Dios, emociones religiosas, incluso prácticas espirituales, pero relación personal con el Padre, sin justificación, no es posible. Estamos hablando de el único Dios verdadero y poderle llamar Padre, abba, papá.  No estamos hablando de ese Dios de nuestra imaginación hecho a medida.  Según la Biblia, es imposible tener una relación personal con Dios sacando a Jesús de la “ecuación”.

¿Por qué Jesús es absolutamente necesario?

Porque Dios siempre quiso y quiere relacionarse con nosotros, pero es Él quien nos dice la manera. En Su amor, Él proveyó el único camino para reconciliarnos consigo mismo: Jesucristo.

Jesús mismo lo dijo sin dejar opciones:
“Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre sino por Mí”
Juan 14:6

No dijo que Él era “un camino”. No dijo que había varias formas. No dijo que nos  ayudaría a encontrar al Padre. Dijo: “nadie viene al Padre sino por Mí”. Eso significa que fuera de Cristo no hay acceso al Padre. Sin Jesús, no hay reconciliación. Sin Jesús, no hay perdón. Sin Jesús, no hay adopción de hijos. Sin Jesús, no hay relación personal con Dios.
Sin Jesús seguimos muertos (espiritualmente) en nuestros pecados, sin la posibilidad de relacionarnos con un Dios Santo.

La Escritura también declara:
“Porque hay un solo Dios, y también un solo mediador entre Dios y los hombres, Cristo Jesús hombre”
1 Toteo 2:5

¿Por qué necesitamos un Mediador? Porque Dios es santo y nosotros pecadores. Y Jesús es el único que puede unir lo que el pecado separó, porque Él vivió sin pecado, murió por nuestros pecados y resucitó para justificarnos, solo Él.

“Al que no conoció pecado, le hizo pecado por nosotros, para que fuéramos hechos justicia de Dios en Él”
2 Corintios 5:21

Ahí está el centro o corazón del evangelio: Jesús tomó el lugar del pecador para que el pecador, al creer en Él, sea declarado justo delante de Dios.

No basta ser creatura; hay que nacer de nuevo y ser adoptado

Muchos dicen: “Todos somos hijos de Dios”. Pero bíblicamente eso no es correcto. Todos somos creación de Dios, sí. Pero hijos de Dios, adoptados por fe, lo son únicamente aquellos que han recibido a Cristo.

La Palabra lo dice con claridad:
“Pero a todos los que le recibieron, les dio el derecho de llegar a ser hijos de Dios, es decir, a los que creen en Su nombre”
Juan 1:12

Observa esto con atención: no dice que todos, por existir, por bautizarce o por pertenecer a una denominación o religión ya son hijos salvados. Dice que a los que le recibieron, a los que creen en Su nombre, se les dio el derecho de ser hechos hijos de Dios.

Eso significa que una persona es una creatura de Dios, hecha por Él, sostenida por Él, incluso bendecida providencialmente por Él, y aun así seguir sin ser Su hijo.  Por eso Jesús habló del nuevo nacimiento:

“En verdad te digo que el que no nace de nuevo no puede ver el reino de Dios”
Juan 3:3

Ser hijo de Dios no ocurre por el bautismo de bebés, tradición, cultura, herencia familiar ni esfuerzo moral intentando ser bueno. Ocurre solamente por la gracia de Dios mediante la fe en Jesucristo.

¿Cómo pasamos de ser solo creaturas a ser hijos de Dios?

1. Por la fe en Jesucristo

“Pues todos sois hijos de Dios mediante la fe en Cristo Jesús”
Gálatas 3:26

El acceso a esta relación no es por obras humanas, sino por la fe en el Hijo de Dios. Fe verdadera, no solo intelectual; una fe que recibe a Cristo, se rinde a Cristo y descansa en Cristo.

2. Por la justificación que Dios da en Cristo

“Siendo justificados como don por Su gracia por medio de la redención que es en Cristo Jesús”
Romanos 3:24

“Por tanto, habiendo sido justificados por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo
Romanos 5:1

Antes de hablar de intimidad o relación con Dios, la Biblia habla de paz con Dios. Y esa paz viene cuando Dios nos justifica por medio de Cristo. Y es una paz que sobre pasa todo entendimiento, al sabernos perdonados y amados.

3. Por la adopción que el Padre planeó en Su amor

“Nos predestinó para adopción como hijos para sí mediante Jesucristo”
Efesios 1:5

La salvación no es solo perdón; también es adopción. Dios no solo quita la condena del creyente: lo trae a Su casa, lo recibe en Su familia y le da una nueva identidad.

4. Por la obra de Cristo que nos redime

“Pero cuando vino la plenitud del tiempo, Dios envió a Su Hijo… para que redimiera a los que estaban bajo la ley, a fin de que recibiéramos la adopción de hijos
Gálatas 4:4-5

La adopción no fue barata o gratis. Costó la sangre del Hijo de Dios, del Cordero de Dios que quita el pecado del mundo. Por eso Jesús no es “algo más”  dentro de la fe cristiana: Jesús es el centro, el fundamento y el único acceso.

¿Qué bendiciones recibe un hijo de Dios?

Cuando una persona cree verdaderamente en Cristo, no solo cambia de opinión sobre Dios. Cambia de condición delante de Dios. Ya no está bajo condenación, sino bajo gracia. Ya no está lejos, sino cerca. Ya no es solo creatura, sino hijo.

Y uno de los privilegios más hermosos es este: podemos llamar a Dios “Padre”.

“Y porque sois hijos, Dios ha enviado el Espíritu de Su Hijo a nuestros corazones, clamando: ¡Abba! ¡Padre!”
Gálatas 4:6

Y también:
“Habéis recibido un espíritu de adopción como hijos, por el cual clamamos: ¡Abba, Padre!”
Romanos 8:15

“Abba” expresa cercanía, intimidad, confianza, es como decirle papá. No es irreverencia; es la intimidad santa que solo existe porque hemos sido reconciliados por la sangre de Jesús. Nadie puede llamar verdaderamente a Dios “Padre” en ese sentido, si primero no ha venido a Él por medio del Hijo. Si aún no ha sido adoptado.

Además, los hijos de Dios son guiados por el Espíritu:
“Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, los tales son hijos de Dios”
Romanos 8:14

Y no solo eso: son herederos.
“Y si hijos, también herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo”
Romanos 8:17

Que bendición inmerecida tan grande! En Jesucristo recibimos perdón, adopción, acceso al Padre, comunión con Dios, dirección del Espíritu y herencia eterna o salvación.

¿Cómo sabemos si ya somos hijos de Dios?

La Biblia enseña que el hijo de Dios ha sido sellado por el Espíritu Santo.

“Habiendo creído, fuisteis sellados en Él con el Espíritu Santo de la promesa”
Efesios 1:13

No se trata solo de decir “yo creo en Dios”, sino de haber creído en el evangelio de Cristo de tal manera que el Espíritu Santo haya venido a morar en nosotros.

El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu de que somos hijos de Dios
Romanos 8:16

Entonces, esta relación es personal y cada quien necesita examinarse con sinceridad delante de Dios, y ver si lo ha podido declara como único y suficiente Salvador y Señor.

Estas preguntas nos pueden ayudar:
¿Solo reconozco que Dios existe?
¿Solo tengo una idea religiosa de Él?
¿Solo se que Él me creo a mi y al universo?
¿O ya he nacido de nuevo?
¿He venido a Jesús en arrepentimiento y fe?
¿He sido justificado por Su sangre?
¿Puedo llamar a Dios “Padre” porque he sido adoptado en Cristo?
¿Hay en mí el testimonio del Espíritu Santo?

Dios sigue tocando a la puerta de nuestro corazón.

Con amor te digo esta verdad: no rechaces a Jesús pensando que aún así puedes tener a Dios, al Único Dios Verdadero. Eso no es lo que enseña la Biblia. El apóstol Juan escribió:

Todo el que niega al Hijo tampoco tiene al Padre; el que confiesa al Hijo tiene también al Padre”
1 Juan 2:23

Y también:
“El que tiene al Hijo tiene la vida, y el que no tiene al Hijo de Dios, no tiene la vida”
1 Juan 5:12

Dios sí quiere tener relación con el hombre. De hecho, esa es la maravilla del evangelio: que el Dios santo decidió acercarse al pecador por medio de Su Hijo. Pero esa relación no ocurre ignorando a Jesús, sino rindiéndose a Jesús. No es a nuestra manera; es a la manera de Dios.

Por eso hoy la pregunta no es simplemente: “¿Crees en Dios?”
La pregunta es: ¿Qué has hecho con Jesucristo?

Porque solo en Él hay perdón.
Solo en Él hay justificación.
Solo en Él hay adopción.
Solo en Él puedes acercarte confiadamente al Padre.
Solo en Él puedes decir, con verdad y por su gracia: “Abba, Padre”.

Si hoy el Espíritu Santo está mostrando tu necesidad, no endurezcas tu corazón. Ven a Cristo. Arrepiéntete y cree en el evangelio. Confía en Aquel que murió y resucitó para salvar pecadores.

Una vez más:

“Mas a todos los que le recibieron, les dio el derecho de llegar a ser hijos de Dios”

Juan 1:12

Y también:
“El que cree en el Hijo tiene vida eterna”
Juan 3:36

La invitación está abierta, pero el camino sigue siendo uno solo: Jesús.

“Padre nuestro que estás en el cielo y que eres bueno y todopoderoso, gracias por darnos acceso a Ti a través de tu Hijo Jesús, y que sin merecerlo, te ha placido revelarte a nuestras vidas.  Tuyo es el reino, el poder y la gloria por siempre Señor Jesús.”

Por tu Encuentro con Jesús,
-Ani Garza T

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