Antes de encontrarnos con Jesús, debemos entender…

 
 
   

Romanos 3:23

Antes de encontrarnos con Jesús, debemos entender por qué lo necesitamos

Muchas personas o la mayoría quieren paz, bendición, propósito, e incluso la presencia de Dios, pero no todos quieren primero ver con honestidad su condición delante de Él. Dicen ya conocer a Jesús, pero siguen sin entender por qué es que “se necesita” como Salvador.

Nadie puede valorar verdaderamente al Salvador si antes no reconoce su pecado. Porque se preguntan, y yo también me lo pregunté ¿Un Salvador de qué o para qué? Nos han enseñado que la palabra “pecado” es muy fuerte y que con solo reconocer que hemos cometido “errores” es suficiente.  Pero la Biblia nos enseña otra cosa.

La necesidad más grande del ser humano no es de salud, emocional, económica ni social. La necesidad más grande y urgente del hombre es ser reconciliado con Dios, porque está separado de Él por causa del pecado.

Quizá lo primero que debemos definir es: pecado, y según la Biblia.

“Todo el que practica el pecado, practica también la infracción de la ley, pues el pecado es infracción de la ley.”
1 Juan 3:4

El pecado es la infracción o la trasgresión a la ley de Dios, a los mandamientos…  solo está darle una repasada a esos mandamientos para darnos cuenta que hemos fallado a más de la mitad.

Comprendamos mejor esto del pecado y como es que al reconocerlo en nuestra vida, llegamos a la necesidad de arrepentirnos y llegar a la conclusión de que si necesitamos a un Salvador. Entendamos los siguientes puntos:

1. El problema del hombre no comienza afuera, sino adentro: el pecado

La Palabra de Dios dice:

“por cuanto todos pecaron y no alcanzan la gloria de Dios”
Romanos 3:23 

No dice algunos. Dice todos.
El pecado no es solamente hacer cosas “muy malas” según los ojos humanos. Pecado es vivir fuera de la voluntad de Dios, fallar a la ley o mandamientos, ignorar Su santidad, amar más el yo que al Señor, resistir Su verdad y caminar en independencia o rebeldía contra Él.

También está escrito:

“No hay justo, ni aun uno; no hay quien entienda,
no hay quien busque a Dios.”
Romanos 3:10-11 

Esto confronta nuestro orgullo. El hombre natural no está bien delante de Dios. Puede parecer religioso, moral o decente ante otros, pero sin Cristo sigue perdido.

2. El pecado no es un simple error: merece juicio y muerte

Dios es amor, sí. Pero también es santo, justo y verdadero. Y Su justicia declara:

“Porque la paga del pecado es muerte, pero la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro.”
Romanos 6:23 

El pecado tiene consecuencias. El pecado tiene paga. Y esa paga es muerte.
No solamente muerte física, sino separación eterna de Dios si el hombre permanece sin arrepentirse y sin venir a Cristo.

La Biblia también dice:

“Y así como está decretado que los hombres mueran una sola vez, y después de esto, el juicio”
Hebreos 9:27 

Por eso el evangelio no empieza diciendo “Dios tiene un plan bonito para ti”, sino mostrando primero esta realidad:
estábamos bajo condenación, necesitábamos perdón, necesitábamos rescate, necesitábamos un Salvador.

3. Por eso vino Juan el Bautista: para preparar el camino mediante el arrepentimiento

Antes de que Jesús se manifestara públicamente de Quién era, Dios levantó a Juan el Bautista. ¿Y qué predicaba Juan? No era autoestima, ni comodidad o autoayuda. Predicaba arrepentimiento.

“Juan el Bautista apareció en el desierto predicando el bautismo de arrepentimiento para el perdón de los pecados.”
Marcos 1:4

Juan vino a preparar el corazón de la gente para Cristo.
¿Por qué? Porque nadie corre al Salvador mientras crea que está sano ya sea física, emocional o espiritualmente. Nadie entiende o abraza la gracia mientras no haya sido confrontado por su culpa. ¿Por qué necesitaría un Salvador cuando ya se siente bien delante de Dios y suficientemente bueno?

Por eso Juan decía:

“Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado.”
Mateo 3:2 

El arrepentimiento bíblico no es remordimiento superficial. No es llorar un momento. No es solo reconocer nuestros errores y sentir culpa.
Arrepentirse es cambiar de mente delante de Dios, reconocer que hemos pecado contra Él, (que hemos andado a nuestra manera, tomando nuestras propias decisiones sin considerarlo y siendo incrédulos entre otros),  dar la espalda al pecado y volvernos al Señor con un corazón rendido, el cuál Él no despreciará.

Debemos producir este fruto… decía Juan el Bautista, antes de poder encontrarnos con quién vendría bautizando con el Espíritu Santo y fuego: Jesús.

“Por tanto, dad frutos dignos de arrepentimiento”
Mateo 3:8 (LBLA)

Es decir: si de verdad hay arrepentimiento, debe notarse. Debe haber fruto. Debe haber evidencia.  Se debe ver el cambio en el corazón de la persona.

4. Juan bautizaba con agua, pero anunciaba a Uno mayor: Jesús

Juan nunca se presentó a sí mismo como el centro. Todo su ministerio apuntaba a Cristo.

“Yo, a la verdad, os bautizo con agua para arrepentimiento, pero el que viene detrás de mí es más poderoso que yo, a quien no soy digno de quitarle las sandalias; Él os bautizará con el Espíritu Santo y fuego.”
Mateo 3:11

Aquí vemos como Dios sigue siendo un Dios de orden.
Primero Juan bautizaba para arrepentimiento, preparando el camino. Pero Jesús es el que realmente transforma, el que perdona, limpia, salva y bautiza con el Espíritu Santo.

Esto no  es  una experiencia emocional… 
La pregunta es: ¿Has venido verdaderamente a Jesús?

Porque solo Jesús puede hacer nueva a una persona.

5. Jesús no vino solo a inspirarnos; vino a salvarnos de nuestros pecados

La Biblia es muy clara, por eso la importancia de leerla.

“Y dará a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús, porque Él salvará a su pueblo de sus pecados.”
Mateo 1:21 (LBLA)

Jesús vino por una razón gloriosa, un propósito claro: salvar pecadores.
No vino a ser un buen maestro o predicador, ni a mejorar un poco al hombre caído. Vino a rescatarlo completamente por medio de Su muerte y resurrección.

“Pero Dios demuestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros.”
Romanos 5:8

La cruz nos muestra dos cosas al mismo tiempo: la gravedad de nuestro pecado (que merece la muerte espiritual)  y la grandeza del amor de Dios (al dar su vida por nosotros).
Si el pecado pudiera resolverse de otra manera, Cristo no habría tenido que morir. Pero murió porque nuestra deuda era real y solo Su sangre podía limpiarnos. Sin derramamiento de sangre, no hay perdón de pecados.  Jesús es el Cordero de Dios que derramó su sangre para pagar por nuestro pecado, Él es el Sacrificio Perfecto.

6. No podemos recibir al Cristo o Salvador que bautiza con el Espíritu Santo sin pasar por el arrepentimiento verdadero

Muchos quieren la relación personal o la presencia de Dios sin arrepentimiento.
Pero el orden bíblico es claro: primero Dios confronta, luego humilla (no somos tan buenos ni sabios como creíamos), luego lleva al arrepentimiento, y así exalta a Jesús como Salvador.

Cuando Pedro, lleno del Espíritu Santo, predicó la gente fue conmovida o quebrantada. Entonces preguntaron qué debían hacer. La respuesta fue:

“Arrepentíos y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de vuestros pecados, y recibiréis el don del Espíritu Santo.”
Hechos 2:38 (LBLA)

Observa el orden:
arrepentimiento, perdón en Jesucristo y don del Espíritu Santo.

No estamos hablando de una “fórmula religiosa”, sino de una obra real de Dios en el corazón. Donde el Espíritu Santo viene, trae convicción de pecado, limpieza, obediencia y testimonio de que Jesús es Salvador y Señor.

7. Entonces la pregunta no es si conoces de Jesús, sino si ya lo has recibido de verdad

No es lo mismo saber quién es Jesús y haber rendido nuestra vida a Él.
No es admirarlo como un buen hombre, maestro o predicador,  sino pertenecerle, y entender que ahora somos ovejas de su prado comprados a precio de sangre.
No es lo mismo sentir una emoción espiritual y el nuevo nacimiento.

La Biblia dice:

Pero a todos los que le recibieron, les dio el derecho de llegar a ser hijos de Dios, es decir, a los que creen en su nombre”
Juan 1:12 

Y también:

“En verdad, en verdad te digo que el que no nace de nuevo no puede ver el reino de Dios.”
Juan 3:3

Este mensaje está escrito en amor y con claridad bíblica, para confrontar nuestro corazón y no para juzgar.  Debemos entender que:
No basta decir “yo creo en Dios”.
No basta haber crecido en una religión en donde se menciona a Jesús.
No basta seguir tradiciones, hablar bonito o sentirse buenos.
La pregunta clara y contundente es: ¿ya naciste de nuevo?
¿Ya te has arrepentido de verdad?
¿Ya has recibido a Jesús como único y suficiente Señor y Salvador?

8. Si de verdad has recibido a Jesús, debe haber evidencia

Jesús no solo perdona; también transforma. Inicia una obra en nosotros que se irá perfeccionando hasta que Él vuelva… 
El que recibe a Jesús no queda igual, los gustos empiezan a cambiar.

“De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí, son hechas nuevas.”
2 Corintios 5:17

Y Juan el Bautista ya lo había advertido: primero frutos dignos de arrepentimiento.
No perfección humana, pero sí una vida que muestra cambio, hambre por Dios, obediencia, amor por la verdad, rechazo al pecado, y una fe viva en Cristo.

9. Jesús sigue llamando hoy

Cristo no rechaza al que viene con corazón humillado, reconociendo que hemos pecado y que estamos arrepentidos, que queremos cambiar pero que con nuestras fuerzas no podemos, lo necesitamos.
No importa cuán lejos haya llegado una persona. Si hoy oye Su voz y se vuelve a Él, hay perdón, salvación, vida nueva y vida eterna.

“Todo lo que el Padre me da, vendrá a mí; y al que viene a mí, de ningún modo lo echaré fuera.”
Juan 6:37 

Y también:

“Venid a mí, todos los que estáis cansados y cargados, y yo os haré descansar.”
Mateo 11:28

Pero debemos venir como pecadores necesitados, no como personas autosuficientes.
Debemos venir confesando: “Señor, he pecado contra Ti. Te necesito. Sálvame.”

Para terminar …
Antes de hablar del bautismo con el Espíritu Santo, primero debemos responder honestamente esto:
¿Ya entendí que mi pecado merece muerte y me tiene separado de Dios?
¿Ya fui confrontado por la santidad de Dios?
¿Ya me arrepentí de verdad?
¿Reconozco que quiero cambiar pero que no puedo con mis fuerzas?
¿Ya recibí a Jesús, no solo como buena idea, sino como Señor y Salvador?

Juan primero preparó el camino llamando al arrepentimiento.
Jesús vino a salvar, perdonar, dar vida nueva y bautizar con el Espíritu Santo.
Pero el que no reconoce su pecado, difícilmente verá su necesidad de un Salvador.

Por eso hoy, en amor, la confrontación es esta:
No te engañes pensando que conocer el nombre de Jesús es lo mismo que haberle pertenecido.
No te conformes con una apariencia espiritual.
Ven a Cristo con arrepentimiento genuino.
Recibe al Cordero de Dios que quita el pecado del mundo.
Ríndete al que bautiza con el Espíritu Santo.

“He aquí, el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo.”
Juan 1:29 

“Así que, arrepentíos y convertíos, para que vuestros pecados sean borrados”
Hechos 3:19 

“que si confiesas con tu boca a Jesús por Señor, y crees en tu corazón que Dios le resucitó de entre los muertos, serás salvo”
Romanos 10:9

“Señor Jesús, Padre bueno,  gracias por la persona que leyó este mensaje completo. Dale más hambre de Ti. Pon en ella el deseo y necesidad de leer Tu Palabra para entender todas las riquezas que nos has dado en Cristo.  Sigue trayendo convicción de pecado y un arrepentimiento verdadero. Examina  nuestro corazón y guíanos por el camino eterno.
Te lo pedimos en el nombre de Jesús”.

Por tu Encuentro con Jesús,
-Ani Garza T

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