Salmo 1

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¡Cuán bienaventurado es el hombre que no anda en el consejo de los impíos,
ni se detiene en el camino de los pecadores,
ni se sienta en la silla de los escarnecedores,

2 sino que en la ley del Señor está su deleite,
y en su ley medita de día y de noche!

3 Será como árbol firmemente plantado junto a corrientes de agua,
que da su fruto a su tiempo,
y su hoja no se marchita;
en todo lo que hace, prospera.

4 No así los impíos,
que son como paja que se lleva el viento.
5 Por tanto, no se sostendrán los impíos en el juicio,
ni los pecadores en la congregación de los justos.
6 Porque el Señor conoce el camino de los justos,
mas el camino de los impíos perecerá.
Salmo 1

Cuan bienaventurado es el hombre que se deleita en la Palabra de Dios; y en ella medita de día y de noche.  Crecerá fuerte y sano, así como al árbol al que nunca le falta agua; y además, será prosperado en todo lo que hace.

Dios prospera el camino de los justos en todo lo que emprenden.
Y sabemos que no habemos ni uno justo, en cuanto que todos hemos pecado, no hay ninguno que se pueda justificar por sus propios méritos.
Pero gracias a la fe que ahora tenemos en Jesús, y no en nuestros méritos, hemos sido justificados delante de Dios, siendo adoptados hijos y heredando todas sus promesas.

23 Y antes de venir la fe, estábamos encerrados bajo la ley, confinados para la fe que había de ser revelada. 24 De manera que la ley ha venido a ser nuestro ayo para conducirnos a Cristo, a fin de que seamos justificados por la fe. 25 Pero ahora que ha venido la fe, ya no estamos bajo ayo, 26 pues todos sois hijos de Dios mediante la fe en Cristo Jesús.
Gálatas 3:23-26

De tal manera nos ama Dios, que envió a Su Hijo a la cruz, derramando su sangre como cordero, para pagar lo que nosotros merecíamos y limpiar nuestro pecado.
Jesús es el cordero de Dios que quita el pecado del mundo.

8 Pero Dios demuestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros. 9 Entonces mucho más, habiendo sido ahora justificados por su sangre, seremos salvos de la ira de Dios por medio de El. 10 Porque si cuando éramos enemigos fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo, mucho más, habiendo sido reconciliados, seremos salvos por su vida. 11 Y no sólo esto, sino que también nos gloriamos en Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo, por quien ahora hemos recibido la reconciliación.
Romanos 5:8-11

Solamente cuando El Espíritu Santo llega a nuestra vida, nos traerá convicción de pecado y la necesidad de ser justificados delante de Dios. El peligro de ser una persona buena, moral o con principios, es que puede impedir que reconozcamos que necesitamos a un Salvador y Señor en nuestra vida.

Jesús lo dijo así:

8 Y cuando El venga, convencerá al mundo de pecado, de justicia y de juicio; 9 de pecado, porque no creen en mí;
Juan 16:8-9

La incredulidad, también es pecado…  pero Dios tiene una promesa que cumplirá:

31 Ellos respondieron: Cree en el Señor Jesús, y serás salvo, tú y toda tu casa.
32 Y le hablaron la palabra del Señor a él y a todos los que estaban en su casa.

Hechos 16:31-32

 

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