La cruz en el cuello

Por Ana Maria GT
Julio 8, 2011

Por que llevas esa cruz en el cuello? Crees que sirve de algo tener ahí en tu cuello a Cristo crucificado? Sabes que el no esta mas ahí? Sabes que el fue crucificado para pagar el precio por nuestro pecado, pero resucitó al tercer dia? Sabes que después de que resucitó, anduvo caminando durante cuarenta dias con sus discípulos y después ascendió al cielo en cuerpo y alma? Y hoy esta vivo a la derecha de Dios Padre intercediendo por nosotros.

Sabes que Jesucristo esta a una oración de distancia, y que podemos acudir a Él en todo momento? El ha estado tocando a la puerta de nuestro corazón por mucho tiempo esperando que le demos entrada. El no quiere estar crucificado colgado en nuestro cuello, aunque la cruz sea de oro y tenga brillantes, tampoco quiere estar colgado en el espejo de nuestro carro, el quiere venir y morar en nuestro corazón. El quiere hacer habitación en nosotros por medio de Su Espiritu Santo, el espera que nuestro cuerpo sea Su Templo, en donde Él puede habitar y obrar en nosotros y a traves de nosotros.

Puedes comprender la diferencia de tener una cruz como amuleto, y tener a Jesucristo viviendo en nuestro corazón? Puedes comprender lo que significa que Dios todopoderoso quiera venir a morar en nosotros para bendecirnos y usarnos para ser de bendición a otros?

He visto personas tener un crucifijo en el cuello (yo antes lo usaba), y cuando estan en una necesidad, a quien menos recurren es a Jesucristo. Me tocó experienciar eso la semana pasada, un hombre sacó a su hijo de la alberca, ahogado, inconciente, sin pulso ni respiración. Empezó a gritar desesperadamente a quien fuera, sin recurrir a Jesucristo, el dador de vida quien tiene todo el poder para resucitar a su hijo. Me dolió ver que tenía colgado un cristo crucificado en su cuello…
Dios tenía planes, y permitió que mi esposo estuviera ahí en el preciso momento, rogó a Jesucristo por un milagro y Jesucristo levantó al niño como si nada hubiera pasado. Dios nos recuerde en todo momento que EL esta ahi, a un clamor de distancia. El nos dice: “Clama a MI, y YO te respondere….”

Muchos lo traen en su cuello, como si dieran por hecho de que tener un crucifijo colgado los “protegerá”, y a la hora de pasar por una dificultad, en el que menos piensan es en Jesús. En su poder para obrar en medio de cualquier tormenta y calmarla, y aún resucitar muertos.

Este mensaje no tiene la intención de señalar nada, sino es para hacernos concientes y darnos cuenta en que lugar tenemos a Jesús. Lo tenemos como un simple amuleto en una cruz, o lo hemos invitado a nuestro corazón dejando que sea El quien tome el control de nuestra vida? Lo tenemos para cuando se ofrezca, o lo hemos sentado en el trono de nuestro corazón permitiendo que diriga nuestra vida y comprendiendo que El tiene un propósito para todo lo que permite?

Cuando invitamos a Jesús a nuestra vida, nos ponemos a cuentas con Él, primero reconociendo que hemos pecado, arrepintiéndonos y recibiendo su perdón; podemos estar seguros que el ya llevó todo nuestro pecado a la cruz, y también todo nuestro dolor. La Biblia dice que cuando recibimos y estamos en Cristo…

De modo que si alguno está en Cristo, nueva creatura ES; las cosas viejas pasaron; he aquí son hechas nuevas. 2 Corintios 5:17

Cuando permitimos que Jesús de estar colgado en el cuello, pase a entrar a nuestro corazón, por medio de su Espiritu Santo, todo lo viejo queda atrás, y todo es hecho nuevo en Él. Has invitado a Jesús a que se siente en el trono de tu corazón y sea tu Rey? Porque al hacer esto todo lo demás que tu buscas vendrá como añadidura. “Buscad el reino de Dios y su justicia, y todo lo demás vendrá como añadidura”. Si buscamos el reino de Dios, las cosas de Dios, donde El es el Rey, Dios nos dará como añadidura todo lo demás. Entonces dejaremos de buscar las añadiduras creyendo que son las que nos hacen felices, para buscar solamente el reino de Dios, donde Jesucristo es el Rey. Es Jesucristo ya tu Rey y Señor con quien tienes comunicación diaria, o sigue siendo un simple amuleto de la suerte que llevas colgado en el cuello, en el carro y en las puertas de tu casa? Puedes escuchar hoy su voz?

“He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él y él conmigo.” Apocalipsis 3:20

 

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6 respuestas a La cruz en el cuello

  1. Paqui Jiménez vega dijo:

    Jesús es mi vida

  2. gabriela lamadrid dijo:

    creo y lo he visto en las casas q usan una cruz crucificada casi siempre he visto mucho dolor alli y desgracias y si la gente cree q una cruz en elcuello los va ha librar de cosas malas lo usan como amuleto no he vistosufe viva los q defienden esto creo q aun no han mirado alcielo con mente abierta aca mismo en cada instante de nuestra vida JESUS Y EL PADRE CREADOR esta ahi pero no los invitamos realmente a que hagan parte de nuestras vidas ruego al que todo hizo y todo lo ve y lo sabe que habra sus entendimientos un poco mas alla que rituales JESUS VIVE Y ES EL MISMO ARCANGEL SAN MIGUELY HOY VIVE CON MAS PODER Y NOS DEFIENDE CUANDO LE PRDIMOS Q NO NOS DEJE NUESTRO DIOS ESTA VIVO ESTA ACA SIEMPRE NO NECESITAMOS CRUCES SIMBOLICAS A EL SEA LA GLORIA LA HONRRA POR SIEMPRE POR FAVOR SIENTELO EN TU CORAZON TATUA TU CORAZON CON EL Y NUNCA SE APARTARA DE TI

  3. marina dijo:

    No estoy de acuerdo con usted, es su opinión y la respeto. Pero también respete las opiniones de otros, ok gracias por leer mi respuesta.

    • Ani dijo:

      Este mensaje es solamente para que meditemos si tenemos un crucifijo en el cuello como amuleto, o si en verdad hemos recibido a Cristo en nuestro corazón y la cruz en el cuello es solamente un recordatorio de lo que hizo Jesús por mi en esa cruz.

  4. Ani dijo:

    Amen. Dios, en nombre de Jesucristo, siga bendiciendo su vida Nicolas, gracias por compartirnos tan hermoso mensaje… y que Dios nos abra el entendimiento para poder comprender el mensaje de la Cruz.

  5. Nicolás dijo:

    ¡La paz del Señor sea contigo y permanezca con vuestro espíritu!

    Me permito discrepar alegremente con tu tesis. Tú misma lo has dicho, al tercer día resucitó de entre los muertos, salió victorioso de su sepulcro y derrotó a la muerte. Tras resucitar estuvo cuarenta días con sus Apóstoles y luego ascendió a los Cielos. Hasta aquí estamos de acuerdo…

    … Ahora bien, lo que es lo demás…


    ¿No dice San Pablo una y mil veces que él siempre predicó a los paganos a Cristo crucificado? ¿No dice el mismo Pablo que llegó siempre a todos los pueblos, no con la sabiduría de los hombres, sino con la predicación de la cruz, de la sabiduría de Dios? ¿No dice Pablo en la primera de Corintios que los Apóstoles predicaban a un Cristo crucificado? ¿No se gloría el Apóstol en la cruz de Jesús, como refiere en la carta a los cristianos de Galacia?

    Puedes estar hablando del común denominador de los católicos, pero eso no significa que la doctrina esté errada. Por poner un ejemplo mundano, podría hablarte de lo siguiente. Hoy en día es habitual que los jóvenes cometan muchísimas falta ortográficas y gramaticales al momento de escribir (sé que suena ridículo, pero ejemplifica bastante bien lo que quiero hacer notar), y sin embargo ellos aprenden en las escuelas la correcta utilización de normas ortográficas y gramaticales. ¿Quiere decir eso que toda la lengua española está errada? En modo alguno. Lo que quiere decir es que esos estudiantes no han aprendido bien.

    La Iglesia Católica jamás enseña que la cruz haya de ser usada como un amuleto de la buena suerte, una especie de talismán que protege de toda catástrofe. La cruz, en primera instancia, nos remite a una de las más grandes verdades de la fe. A aquello que tanto católicos como protestantes compartimos: que Dios es amor. Un amor infinito que no es como el amor que nos ofrece el mundo. Este es el amor que se regala gratuitamente y sin medida, el amor que lleva a salirse de uno y darse a los demás, el amor que nos tuvo Jesucristo en la cruz y que nos tiene Dios desde el principios hasta el fin de los tiempos. Es este el amor que el Señor deja como mandamiento supremo: Amaos entre vosotros, los unos a los otros, así como yo os he amado. Dad vuestras vidas por los demás.

    Dios amó tanto al mundo doliente, al mundo que necesitaba de una renovación profunda, que envió a su Hijo Unigénito como el Cordero Expiatorio de todos los pecados del mundo. El Hijo amó tanto a su Padre que se hizo hombre. Porque el Verbo se hizo carne, y habitó entre nosotros. Amó tanto a su Padre y amó tanto a los hombres que clamaban que se entregó voluntaria y mansamente a su dolorosa Pasión. Soportó con silencio y paciencia su humillación, su flagelación, su dolorosa coronación, su camino al calvario y su tremenda crucifficción. Aceptó la voluntad del Padre por un amor inconmensurable hacia el Padre y hacia los hombres. Y no hubo ni habrá jamás en este mundo mayor prueba de amor que Jesús muerto en la cruz. Porque aquí el amor alcanza su máxima cumbre, alcanza la cima más álgida, el punto más elevado. Aquí el Señor da su vida entera como expiación de todos nuestros pecados. Cada gota de Sangre Redentora es derramada por nosotros. Se reduce a la nada más absoluta para anular todos nuestros pecados. En esa misma cruz el hombre viejo muere, las antiguas edificaciones son destruídas por completo. Semejante a los dolores de parto que una madre padece con amor, amor a su hijo, el dolor y el amor se funden para dar una nueva vida, un hombre nuevo.

    De su Corazón atravesado por la lanza del pecado, brota la Misericordia Divina que se derrama para todos los hombres del mundo, desde donde sale el sol hasta el poniente, desde el norte hacia el sur. Jesús lleva a cabo el acto de Redención en la cruz, momento en que el mal es derrotado y el amor de Dios vence absolutamente todas las cosas de este mundo. ¡Pero como si fuera poco! En ese mismo momento, Jesús abre las puertas del Cielo y nos permite encontrarnos con el Padre.

    El cristiano que entienda esto como se entiende las cosas de Dios sabrá porqué lleva su cruz pectoral. Es un constante recordatorio del amor de Dios. Nunca el amor se elevó tanto como cuando Cristo fue elevado en la cruz. El cristianos que reconozca esto sabrá ver en la cruz el motivo de su alegría, el amor que Dios nos ha tenido, y recordará incansablemente que los hombres viejos han muerto, que hemos muerto con Jesús en la cruz y resucitamos con Él. Recordamos que nuestras vidas ya no las vivimos nosotros, sino que es Jesús quien la vive en nosotros, porque ahora Él es soberano de nuestro corazón.

    Y de ahí que profecemos con fervor: Bendito seas, Señor Jesucristo, porque con tu Santa Cruz redimiste al mundo. Cada vez que en nuestra Misa profesamos nuestra fe, decimos claramente a viva voz que anunciamos la muerte de Jesús, que proclamamos su resurrección y anhelamos su venida.

    Cuando me sobreviene algún pesar, inmediatamente tomo en mis manos el crucifijo y oro recordando ese inmenso sacrificio. Cada vez que siento que mi cruz se hace pesada, recuerdo al Señor con su cruz a cuestas y en mi se infunde el ánimo para seguir adelante con todo lo que Dios pone en mi camino. Cada vez que me siento desfallecer, recuerdo que Él cayó tres veces. Cada vez que me sobreviene una tentación, tomo el crucifijo y recuerdo a Jesús agonizando, y sé que mis pecados clavaron a mi Señor en esa cruz, fue por mi causa que Él derramó su Preciosa Sangre. En efecto, porque hemos sido comprados a un alto precio. Y entonces, por amor, resisto la tentación y sigo adelante en la vida, caminando a la sombra de Jesús.

    Él ha resucitado, muy cierto, pero cada vez que la humanidad peca (y en estos tiempos ocurre más de lo que podemos imaginar), Jesús sigue allí, como Víctima Propiciatoria de nuestros pecados.

    Por eso, me duele ver que tanta gente usa un crucifijo como un amuleto, sin siquiera tener a Jesús en sus vidas, viviendo apartados de los Sacramentos, sin oración frecuente y profunda, sin meditación de la Palabra de Dios. Y también me duele ver que la parte central del Evangelio, el amor de Dios, la Redención y la Misericordia Infinita, resumidos tan magníficamente por Pablo en la cruz, se deje de lado por considerar el todo por la parte.

    El Señor nos bendiga y nos guarde. Ilumine su Rostro sobre nosotros y se apiade de nosotros. El Señor nos bendiga y nos conceda la paz.
    En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
    Amén.

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