En la montaña rusa…¡aferrados a Dios!

En la montaña rusa…¡aferrados a Dios!
Por: Diana Diaz de Aspiri
Marzo 2011

“…José se dio a conocer a sus hermanos. Y lloró tan fuerte que lo oyeron los egipcios, y la casa de Faraón se enteró de ello.” Génesis 45:1b-2

La vida de José “el soñador”, es conmovedora hasta las lágrimas. Recorrer sus páginas describiendo su historia en Génesis 37-50, es una verdadera delicia. Es como leer una novela de suspenso llena de amor y desventura. Fue una vida intensa y llena de contrastes, parecida a una montaña rusa. Unas veces estaba más abajo del suelo y otras en la cumbre más alta. José no era un hombre que pasaba inadvertido, y muy al contrario, provocaba emociones fuertes en quienes lo rodeaban. Fue muy amado y mimado, y al mismo tiempo envidiado y odiado. Fue echado en un pozo y vendido como esclavo por sus hermanos mayores, que se suponía lo debían cuidar, y llevado a Egipto dónde continuó con esa vida de altibajos apreciado por unos, enjuiciado e infamado por otros, echado injustamente en la cárcel y olvidado por muchos años y por todos… menos por Dios.
En repetidas ocasiones dice la Biblia: “y Dios estaba con José”.

Es difícil para nosotros pensar que cuando somos víctimas de infamias y pasamos por tantas calamidades en nuestras vidas, Dios esté con nosotros. Sin embargo, dice la Palabra de Dios que Él nunca nos deja. En ocasiones tenemos que pasar por esas pruebas en nuestras vidas, porque es a través de ellas que Dios nos conduce a cumplir su propósito divino.
Así sucedió con José. Desde jovencito Dios puso en él los dones y habilidades que más adelante lo harían salir del calabozo y llegar a ser el “segundo de a bordo”:

“Entonces Faraón mandó llamar a José, y lo sacaron aprisa del calabozo…Faraón dijo a José: He tenido un sueño y no hay quien lo interprete; y he oído decir de ti, que oyes un sueño y lo puedes interpretar. José respondió a Faraón, diciendo: No está en mí; Dios dará a Faraón una respuesta favorable.” (Génesis 41:14-16).

Es importante notar que lo primero que hizo José al ser exaltado fue darle el crédito a Dios. Es verdaderamente loable ver a un José que después de sufrir por tantos años, tantas injusticias, todavía mantiene su fidelidad a Dios. Pudo guardar su corazón de la amargura, el resentimiento y la autocompasión que en tales circunstancias comúnmente vienen a atacarnos, y fue capaz de mantener un corazón puro, sensible y lleno de amor. José sabía en qué clase de Dios estaba confiando: Un Dios grande que iba a obrar a su favor.

Después que Faraón cuenta su sueño de las siete vacas gordas y las siete vacas flacas, escucha la interpretación de José acerca de los años de abundancia seguidos de años de escasez y se da cuenta que verdaderamente “el espíritu de Dios está con José” (41:38).

Al ver esto, es entonces cuando Faraón decide poner todo bajo el control de José, y no es que Faraón creyera en Dios, simplemente vio el favor de Dios sobre José y consideró muy “conveniente” ponerlo como autoridad de Egipto: “Y Faraón se quitó el anillo de sellar de su mano y lo puso en la mano de José; y lo vistió con vestiduras de lino fino y puso un collar de oro en su cuello. Lo hizo montar en su segundo carro, y proclamaron delante de él: ¡Doblad la rodilla! Y lo puso sobre toda la tierra de Egipto.” (41:42-43).

¡Qué contraste! ¡Esa noche José había dormido con su barba crecida en un calabozo oscuro y maloliente con ropa de recluso, y al día siguiente el mismísimo Faraón le entrega su Master Card platino, un guardarropa de Hugo Boss, y las llaves de su Rolls Royce! Y todavía le dice “Yo sigo siendo Faraón, pero tú mandas”. ¡Wow! ¡No cabe duda que cuando Dios obra en nuestras vidas, nos deja sin palabras! Le da la vuelta a nuestra situación de la noche a la mañana.

Quiero que pienses por un instante en esto: ¿Cómo le hizo José para mantener su integridad y fidelidad a Dios, habiendo sido separado de su familia y sus costumbres tan jovencito, y crecido en una nación pagana como Egipto, donde el mismo Faraón era considerado como dios, donde fue casado “como premio” con una egipcia y su suegro era sacerdote del dios sol? Fue cruelmente tratado por sus parientes creyentes del Dios verdadero y apreciado y valorado por gente idólatra y pagana. Él tenía muchas excusas para volverse como los egipcios que le habían tendido la mano y odiar a todos aquellos que decían amar a Dios… ¡e inclusive a Él!

¿No es eso lo que hacemos muchos de nosotros?
Sin embargo, José nunca quitó su mirada de Dios. Dios era el único dueño de su corazón, y por eso era dócil, humilde y sensible.
Los hermanos de José, después de hacer su canallada y hacer creer a su padre Jacob que había sido despedazado por animales, se olvidaron de él. Pero Dios no se había olvidado del asunto y por eso los hizo regresar a José en busca de comida. Dios hizo que tuvieran hambre y se pusieran de rodillas ante José implorando misericordia.

¿Se acuerdan de la historia del hijo pródigo? ¿Por qué regresó? …Porque sintió hambre.
Cuando nosotros tenemos algo de qué arrepentirnos, Dios en ocasiones cierra las llaves del cielo y la abundancia se torna en escasez. Dios siempre actúa con amor hacia sus hijos y sabe que en abundancia es difícil buscar Su rostro y proceder al arrepentimiento. Dios no quiere que nadie se pierda.

En toda la historia de José, la Biblia menciona que José lloró en siete ocasiones y es relevante mencionar que las siete ocasiones que lloró fueron cuando vivió en el palacio, en una vida de abundancia. Lloró de amor al reconocer a sus hermanos, al abrazarlos, al perdonarlos y al despedirse de su padre en el lecho de su muerte. Sufrió lo indecible mas la Biblia no menciona que haya llorado en el pozo, siendo esclavo, siendo difamado o en el calabozo.

¿Por qué lloramos nosotros a veces? ¿Lloramos porque estamos sufriendo y somos víctimas de injusticias? ¿Lloramos porque nos desesperamos y dudamos de que Dios nos escuche? ¿Lloramos de coraje porque creemos que no nos merecemos tanta maldad?…O lloramos de amor, como José.
Dios quiere cumplir su propósito en cada uno de nosotros, y para eso nos guía por un camino de pruebas que nos llevará a tener el carácter que Él necesita que tengamos para sus fines eternos.

La historia de José no es tan particular como creemos. Se repite día a día, en la vida de muchos de nosotros. ¡Que Dios nos ayude a tener su valor, amor e integridad!

 

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